ISLAMABAD, Pakistán.— La coalición gobernante se encontraba al borde del derrumbe ayer después de que el ex primer ministro Nawaz Sharif exigió que el partido más grande recortara los poderes del Presidente como condición para brindar su apoyo al candidato presidencial.
Sharif también adelantó el plazo para reintegrar a decenas de jueces, uno de los problemas cruciales que dividen a los dos partidos desde que obligaron a Pervez Musharraf a renunciar a principios de la semana.
Convocadas las elecciones en el Congreso para el 6 de septiembre, y con un auge de la violencia miliciana en el noroeste —donde 37 insurgentes fueron muertos en represalia por una serie de ataques suicidas—, crecían las presiones para que los dos bandos superaran sus diferencias, pero estas parecían irreconciliables.
Asif Ali Zardari, dirigente del Partido Popular, que tiene el bloque más grande en el Parlamento, aceptó ayer la candidatura presidencial de su partido.
Aunque es un fuerte crítico de la gestión de Musharraf, probablemente continuaría la política de este, de apoyar la guerra antiterrorista de Washington.
Pero el ascenso de Zardari al poder causaría consternación a muchos en este país, que ven en el viudo de la dirigente asesinada Benazir Bhutto un símbolo de la corrupción rampante en su anterior experiencia con el gobierno civil, en los 90.
En esa época se le apodó "Señor 10 Por Ciento" por los sobornos que presuntamente cobraba mientras su esposa era primera ministra.
A pesar del respaldo del Partido Popular, la elección de Zardari dista de estar asegurada.









