Incontables casquillos de bala son el único recuerdo de la matanza del jueves en la noche en Juárez. EFE
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MÉXICO, D.F.— Aarón Alberto Flores tenía 18 años y como era un chico de la era digital la noticia de su muerte corrió a través de la red social Sónico por lo que decenas de jovencitos acudieron a su velorio sin saber que el acto de solidaridad post mortem hacia su amigo les arrebataría también la vida en Ciudad Juárez, Chihuahua.

Fueron ocho personas las que cayeron acribilladas alrededor de las 10:00 de la noche del jueves; cinco de ellas tenían en promedio 20 años, según el reporte policiaco. Una muchacha de 17 años también fue herida gravemente y su vida aún corre peligro en el hospital.

Lejos de la juerga cibernética, los jóvenes oraban por el alma de su amigo cuando un comando de asesinos llegó en vehículos Dodge Intrepid color blanco y gris y disparó a diestra y siniestra.

La batalla entre los cárteles de la droga por el control del trasiego de enervantes hacia Estados Unidos ha costado a la fronteriza entidad de 1.3 millones de habitantes miles de muertes: 2660 muertes sólo en 2009, a un ritmo de siete muertes diarias.

"Todos al suelo", gritó alguien en el funeral de Aarón. Sin embargo el pánico se había apoderado de la mitad de la concurrencia que corrió hacia la calle. Ahí, algunos quedaron sin vida o mal heridos.

La anciana Nicolasa Ortiz, de 64 años, quien acompañaba a su nieta recibió 10 balazos: ocho en el abdomen, uno en el maxilar y otro en la pierna. Murió ayer.

Las primeras explicaciones que amigos y familiares dieron a la prensa para contextualizar la barbarie apuntaron a que un grupo de criminales estaba molesto porque los Flores (familiares de Aaron) habían denunciado a las autoridades la compra de un vehículo que resultó ser robado.