TEGUCIGALPA.— La solución a la crisis política hondureña quedó en el limbo luego que el presidente derrocado Manuel Zelaya declaró unilateralmente roto un acuerdo impulsado por Estados Unidos, al rechazar el gobierno de reconciliación armado por el líder de facto Roberto Micheletti.

"Yo he cedido todo lo que se me ha pedido para demostrar que tengo altísimos niveles de tolerancia, pero mi tolerancia no llega a negociar el mandato de la soberanía popular y del pueblo", expresó Zelaya a la radio Globo ayer. "Mi tolerancia llegó a ceder parte de mis facultades de nombrar ministros, pero el mandato que me dio el pueblo para representarlo como jefe de gobierno, no es negociable".

"Si el señor Micheletti ayer [el jueves] pensaba que iba a caer en la tentación de mandarle nombramientos de ministros, como si el golpe había sido contra los ministros, se equivocó totalmente", agregó.

La comunidad internacional había visto con entusiasmo el acuerdo para resolver el conflicto hondureño sellado hace una semana, aunque en la práctica la conmoción sigue dentro del país.

En Washington, el gobierno estadounidense se declaró "decepcionado" por la interrupción del proceso: "Hemos quedado particularmente decepcionados por las declaraciones unilaterales realizadas por ambas partes anoche, las cuales no ayudan a impulsar el espíritu del acuerdo Tegucigalpa-San José", dijo el Departamento de Estado en un comunicado.

Exhorta "a ambas partes a actuar en el mejor interés del pueblo hondureño y regresar inmediatamente a la mesa de negociaciones, a fin de llegar a un acuerdo sobre la formación de un gobierno de unidad. La formación de un Gobierno de Reconciliación y Unidad Nacional servirá al pueblo hondureño y cambiará para bien la dinámica política del país. Es urgente que se forme este gobierno de inmediato".