Aquivaldo Mosquera dedica su gol sobre Chivas a alguien especial al celebrar con sus compañeros en el Estadio Azteca. (FOTO: [AP])
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MÉXICO, D.F.— Un Clásico muy caro para lo que terminó dándole al público.

América pudo haberle regalado a su afición la satisfacción de una goleada porque Chivas no llevó al Azteca ni futbol ni carácter ni orgullo, pero las Águilas se conformaron con darle un 1-0, que parece poco para los fanáticos que pagaron hasta 500 pesos (unos 38 dólares) por ver un partido carente de propuesta por los dos lados.

Y pareció poco porque Raúl Arias jamás se enteró que dirigía un Clásico y paró a un Guadalajara que más bien parecía un San Luis o un Necaxa, un equipo que se sabía inferior, que actuaba con miedo y estaba engarrotado.

América se cansó de llegar y de fallar, pero también habrá que ponerle a Luis Michel una estrellita en la frente porque fue el único que le dio dignidad al chiverío.

Jesús Ramírez quería contragolpear a un Guadalajara ¡que esperaba!, cuya media cancha dependía de un estéril Gonzalo Pineda, cuyos mejores años ya pasaron.

América dominó porque el de enfrente era un equipo sin alma y comprimido en la estrategia medrosa de su técnico.

El gol llegó más rápido que la lluvia que amenazaba caer sobre los 95 mil espectadores que pagaron los precios más altos de la historia por ver un América vs. Chivas.

Apenas iban tres minutos de juego cuando Pável Pardo cobró un tiro libre por la izquierda, con un centro a primer poste, el que interceptó Aquivaldo Mosquera con una carrera desde el poste contrario.

El central colombiano no tuvo problemas para dejar con la boca abierta a Jonny Magallón, que supuestamente traía su marca, y luego tampoco los tuvo para anticipar a Javier Hernández que, de frente al centro, no atacó el balón y dejó cabecear al moreno para que metiera el balón pegado al primer poste.