Las tragedias son arpías con unos y hadas con otros. Con la mano derecha siembran dolor y con la mano izquierda reparten desalmadas bendiciones.

Así pasó con Gustav, nombre de uno de esos asesinos a sueldo que se inventa la naturaleza como venganza del constante crimen ecológico del ser humano.

Y Gustav cumplió su dantesco cometido.

Sembró dolor, muerte y luto en Jamaica, hiriendo a una nación de desconsuelo y drama con su mano derecha.

Con la izquierda, la mano de todos los pecados, hasta de los de Dios con Maradona hecho emisario suyo en 1986, con esa mano izquierda, Gustav llevó a México a la bendición de jugar tres partidos consecutivos como local.

Es decir, en menos de una semana, el Tri puede asegurar su pase a la hexagonal de la Concacaf, fase en la que se definirán los tres boletos directos al Mundial 2010 y un medio pase más a pelear con un sudamericano.

Así, México, sin rebasar sus fronteras, ve cómo le sirven a la mesa de su casa la posibilidad de vencer este sábado a Jamaica y el miércoles próximo a Canadá.

De sumar nueve puntos, México habrá prácticamente asegurado ir como el segundo del grupo a la hexagonal de la región.

Una bendición a México entre las torcidas maldiciones a Jamaica, consternada, arrasada y convaleciente por los estragos de Gustav.

¿Qué viene para el Tri?

Duras pruebas.

Es favorito, sin duda. No hay el riesgo tangible del "Aztecazo", como existió ante Honduras y como palpitó de vida durante 71 minutos.

No será fácil vencer a Jamaica. Es un caso similar al de México: la mitad de su equipo milita en Europa, donde no todos son titulares, pero al menos gozan de ese privilegio.

Canadá también llega con amenazas escondidas. Tiene dos bastiones de temperamento como De Rosario y De Guzmán, uno en el Dynamo y otro en La Coruña, se echan al lomo la consistencia del equipo.

Además, hay que recordar que Canadá fue eliminado injustamente en semifinales de la Copa de Oro, no por EEUU, sino por las fechorías de un árbitro mexicano, Armando Archundia, quien masacró a los canadienses con decisiones alevosas, aviesas y sospechosas, para evitar que llegara a la final ante México.

Pero, sin duda, México tiene todo a favor para ser implacable.

Tiene tiempo de trabajo, armonía interna, una victoria nutritiva ante Honduras y el cobijo doméstico, ante unos jamaiquinos dolientes por el dolor colectivo de su nación, aunque eso mismo puede ser un latigazo espiritual para el grupo, decidido a dar una sonrisa en medio de la mueca de pena en que viven.

La mejor exhibición del Tri deberá verse ante Canadá,

Para entonces, en Tuxtla Gutiérrez, los dos adversarios, verdes y rojos, llegarán con un proceso de 10 días de trabajo. Lo mejor que tienen, en explosión individual y en exploración colectiva, deberán aparecer.

Esta vez sí, lo que ocurra en la cancha, del saldo final, deberá retribuirse plenamente su porcentaje a Sven-Goran Eriksson. De lo bueno y de lo malo, deberá abonársele al sueco.

Los jugadores mexicanos ya le firmaron públicamente ante Honduras una constancia: están dispuestos a morirse en la raya, con él, por él y para él.

Es decir, esta vez, a pesar de las advertencias expuestas para respetar y considerar a jamaiquinos y canadienses, México debe, sí, debe, obligadamente, sumar un total de nueve unidades.

Llama la atención que Eriksson se muestre preocupado porque México juegue sus tres primeros partidos de local y cierre de visitante. Es una situación fortuita de beneficio total.

Llegar con nueve puntos a tres plazas agrestes le permitirá manejar esos partidos a su antojo y dejando la presión al anfitrión.

Si fuera una eliminación de manera directa, tal vez debería quejarse, pero se trata de sumar puntos para ir a una siguiente ronda, es decir, no hay goles de visitante que valgan más, no hay marcador global, no hay tiempos extras ni ronda de penales: lo que coseches, eso tienes.

Irónicamente, a Eriksson empiezan a desnudarlo en Inglaterra.

Ya el técnico del Manchester City, Mark Hughes, dijo que le había heredado ruinas físicas y futbolísticas en ese equipo, y que había tenido que reconstruirlo de sus cenizas.

Ahora, el ex jugador de la selección inglesa, Jamie Carragher, en su libro biográfico, asegura que el sueco "nos enseñó más cómo ligar mujeres que a jugar al futbol".

Carragher afirma sobre este técnico de vanguardia, para los ilusos, que "no sé si era un técnico de nivel internacional o más bien un playboy de nivel internacional".

En su autobiografía, este jugador del Liverpool relata anécdotas de este Juan Charrasqueado sueco, de este Pedro Navajas europeo, de este Don Juan ávido de una Doña Inés en cada mujer.

Mientras conocía a Sven, Carragher afirma que más lo demeritaba como hombre de futbol, pero más lo valoraba como Casanova implacable.

Relata que incluso antes de un juego premundialista, el mismo Eriksson, galán telenovelero y seductor, se encargó de cautivar a damiselas para entregarlas como solaz esparcimiento e intensa práctica de quema de calorías a las habitaciones de sus seleccionados ingleses.

"Sven nos dijo: ‘Si alguna chica te gusta, no la lleves al hotel, pídele el teléfono y ve a su casa después del juego. No hay problema", aconsejaba esta versión europea mezcla de Gordolfo Gelatino, Güicho Domínguez y el célebre "Tirantes" de las películas cabareteras mexicanas.

Es de esperarse que con los mexicanos, quienes no necesitan ya de ese tipo de licenciaturas o maestrías, Eriksson saque lo mejor de su escuela futbolística, ayude al Tri a encontrar su mejor juego, mientras Televisa o TV Azteca le preparan un guión para un teleculebrón lacrimógeno donde pueda compartir escenarios con damas de su edad, sexagenarias como la Tigresa Serrano y la Chupitos, aunque bien podría pedir la naturalización de Monica Lewinsky como eventual refuerzo a la selección femenina mexicana si llega a ver flaca la yeguada.

BLOG: laopinion.com/rafaelramos