Manny Pacquiao vs Miguel Cotto. (AP Photo/Mark J. Terrill)
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LAS VEGAS - En una exhibición de talento boxístico asombrosa, el filipino Manny Pacquiao derrotó por nocaut técnico al puertorriqueño Miguel Cotto para coronarse campeón mundial de los welters, versión Organizacion Mundial de Boxeo, en el que llega a ser el séptimo título mundial de su colosal carrera.
No fue rival Cotto porque Pacquio no le dio opciones y le ganó de poder a poder con el predicamento conocido de su boxeo. Su velocidad relampagueante. Sus movimientos, que asemejan a una cobra asesina, fueron demasiado para un gran campeón como el boricua que aguantó a puro corazón cuando desde temprano en el combate era desbordado por un rival superior.
“Estoy feliz con esta victoria… es la más importante porque todos ustedes saben que le he ganado a un gran campeón como Miguel Cotto”, empezó diciendo el ya legendario campeón quien apenas lucía huellas del castigo en la cara.
Si acaso, Cotto le ganó el primer asalto y en un rasgo de amplitud digamos que también ganó el séptimo. Lo demás fue un concierto del filipino que tan pronto se montó en la pelea y –como siempre lo hace- sacó a su rival del plan de acción se dedicó a dar espectáculo e incluso incurrió en algunas acciones sobradoras y de arrogancia innecesarias en una estrella indiscutible como él.
No valió el mayor poder de Cotto porque Pacquiao lo anuló todo con su velocidad. No tuvo rival en el escenario en el que dictó el combate. Fue a atacarlo porque quería su título mundial y lo buscó de campana a campana para derrotarlo de manera incontestable y agregarle más a su leyenda.
Ya lo había tirado sin hacerle daño en el tercero cuando recibió una izquierda saliendo a contrapié. No era grave y así lo vieron todos pero en el cuarto cuando entraban en calor y el fragor de la batalla le ganaba a las ideas lo sentó en la mitad del ring después de un intercambio largo de golpes.
“Creo darle todo el crédito a Manny [Pacquiao]. Su velocidad fue demasiado y no tuve como contrarrestar su presión. Es un gran campeón y no me avergüenzo de perder esta pelea. Di lo mejor y hubiera querido dar más pero Manny es un gran campeon”, dijo Cotto, con el rostro maltrecho y los signos visibles del brutal castigo.
Cotto apuraba tratando de nivelar, cuando todavía era possible nivelar la lucha pero se encontró con un intercambio de golpes que termino con un cruzado de izquierda en su mandíbula que lo aterrizó en la mitad del cuadrilátero.
Aquella caída llegaría a ser más grave en lo sicológico que en lo físico, porque si bien Cotto continuó batallando, lo real fue que de ahí en más se cuidó demasiado y lo dejó venir encima.
Lo ahogaba con la presión y por momentos pareció que jugaba con él como si lo dejara respirar para luego volver por él a castigarlo. Fue una receta repetida y brutal.
Lo castigaba con el jab que siempre en su caso es un recto; luego le tiraba el cruzado de izquierda y le completaba el trío con la derecha volada por fuera que fue el único golpe que controló bien el boricua.
En el tercio final y con el ditamen ya conocido y trazado, Cotto se replegó a aguantar para morir de pie, pero ese plan fue poco ante un individuo con un instinto destrutivo tan terrible como Pacquiao. Lo molió a golpes en el once, donde ya la pelea pudo ser detenida y nadie habría protestado y luego en el doce no le dio el gustito de que perdiera por decisión. Lo avasalló. Lo vapuleó. Lo arrolló y cuando buscaba el golpe de gracia el árbitro detuvo la pelea.
Era demasiado para Cotto, que sufrió y que mal habría terminado de todos modos, porque al alto todavía le quedaban 2:05 de trayecto, en los que el Filipino lo habría aniquilado de todas maneras.
Fue mejor así.
Triunfo memorable de Manny Pacquiao, que se adueña del séptimo título mundial en su carrera y que dejà demostrado, con su victoria ante un gran rival, que hoy por hoy abajo de las 147 libras no hay nadie que pueda compararse con él en un cuadrilátero.
Fenomenal combate en el MGM de Las Vegas y una noche memorable para el más grande de su tiempo; Manny Pacquiao.
No fue rival Cotto porque Pacquio no le dio opciones y le ganó de poder a poder con el predicamento conocido de su boxeo. Su velocidad relampagueante. Sus movimientos, que asemejan a una cobra asesina, fueron demasiado para un gran campeón como el boricua que aguantó a puro corazón cuando desde temprano en el combate era desbordado por un rival superior.
“Estoy feliz con esta victoria… es la más importante porque todos ustedes saben que le he ganado a un gran campeón como Miguel Cotto”, empezó diciendo el ya legendario campeón quien apenas lucía huellas del castigo en la cara.
Si acaso, Cotto le ganó el primer asalto y en un rasgo de amplitud digamos que también ganó el séptimo. Lo demás fue un concierto del filipino que tan pronto se montó en la pelea y –como siempre lo hace- sacó a su rival del plan de acción se dedicó a dar espectáculo e incluso incurrió en algunas acciones sobradoras y de arrogancia innecesarias en una estrella indiscutible como él.
No valió el mayor poder de Cotto porque Pacquiao lo anuló todo con su velocidad. No tuvo rival en el escenario en el que dictó el combate. Fue a atacarlo porque quería su título mundial y lo buscó de campana a campana para derrotarlo de manera incontestable y agregarle más a su leyenda.
Ya lo había tirado sin hacerle daño en el tercero cuando recibió una izquierda saliendo a contrapié. No era grave y así lo vieron todos pero en el cuarto cuando entraban en calor y el fragor de la batalla le ganaba a las ideas lo sentó en la mitad del ring después de un intercambio largo de golpes.
“Creo darle todo el crédito a Manny [Pacquiao]. Su velocidad fue demasiado y no tuve como contrarrestar su presión. Es un gran campeón y no me avergüenzo de perder esta pelea. Di lo mejor y hubiera querido dar más pero Manny es un gran campeon”, dijo Cotto, con el rostro maltrecho y los signos visibles del brutal castigo.
Cotto apuraba tratando de nivelar, cuando todavía era possible nivelar la lucha pero se encontró con un intercambio de golpes que termino con un cruzado de izquierda en su mandíbula que lo aterrizó en la mitad del cuadrilátero.
Aquella caída llegaría a ser más grave en lo sicológico que en lo físico, porque si bien Cotto continuó batallando, lo real fue que de ahí en más se cuidó demasiado y lo dejó venir encima.
Lo ahogaba con la presión y por momentos pareció que jugaba con él como si lo dejara respirar para luego volver por él a castigarlo. Fue una receta repetida y brutal.
Lo castigaba con el jab que siempre en su caso es un recto; luego le tiraba el cruzado de izquierda y le completaba el trío con la derecha volada por fuera que fue el único golpe que controló bien el boricua.
En el tercio final y con el ditamen ya conocido y trazado, Cotto se replegó a aguantar para morir de pie, pero ese plan fue poco ante un individuo con un instinto destrutivo tan terrible como Pacquiao. Lo molió a golpes en el once, donde ya la pelea pudo ser detenida y nadie habría protestado y luego en el doce no le dio el gustito de que perdiera por decisión. Lo avasalló. Lo vapuleó. Lo arrolló y cuando buscaba el golpe de gracia el árbitro detuvo la pelea.
Era demasiado para Cotto, que sufrió y que mal habría terminado de todos modos, porque al alto todavía le quedaban 2:05 de trayecto, en los que el Filipino lo habría aniquilado de todas maneras.
Fue mejor así.
Triunfo memorable de Manny Pacquiao, que se adueña del séptimo título mundial en su carrera y que dejà demostrado, con su victoria ante un gran rival, que hoy por hoy abajo de las 147 libras no hay nadie que pueda compararse con él en un cuadrilátero.
Fenomenal combate en el MGM de Las Vegas y una noche memorable para el más grande de su tiempo; Manny Pacquiao.






