Hemos oído hablar muchas veces de la fe, sabemos que sin fe es imposible agradar a Dios, hablamos de la fe que mueve montañas, el cual es un tema del que muchos hablan pero la verdad, pocos conocen y poco menos viven verdaderamente.
Lo sorprendente de todo esto es que aquellos que decimos que vivir por fe, cuando nos llega una situación difícil o adversa, ésta se debilita y se cae como un castillo de naipes, y de ser una fe que movía montañas, pasa a ser una que no es capaz de mover ni una pluma en medio de la tempestad.
Casi siempre nuestra fe esta basada en una persona pero recordemos que como humanos vamos a fallar, he conocido gente caída en el hoyo de la desesperación ya que la persona en que ellas confiaban ciegamente los defraudó, también he conocido personas que su fe estaba puesta en su trabajo y hoy ya no lo tienen, de hecho hace unas semanas, recibí la llamada de un amigo que estaba desesperado ya que unos días atrás lo habían despedido después de trabajar por más de quince años en la misma empresa, otros que su confianza estaba en cosas materiales como casas, negocios y ya no los tienen, por esto dice la escritura en el Salmos 40:4 "Bienaventurado el hombre que puso en Jehová su confianza".
Nuestra fe debe estar puesta en Dios únicamente, no en las cosas materiales ni en las personas que hoy son y mañana ya no existen ; Jesucristo le dio una gran enseñanza a sus discípulos cuando al pasar por el frente de una higuera la maldijo porque no tenía fruto, lógicamente que El ya lo sabía, pero quería que ellos supieran algo muy importante; al otro día de regreso Pedro le dice: Maestro la higuera que maldijiste se ha secado y respondiendo Jesús les dijo "Tened Fe en Dios".









