El Shugendo sigue manteniendo un halo de misterio, pero se ha convertido para muchos japoneses en un modo de reencontrarse con la naturaleza. (FOTO: EFE)
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blank_pageHAGUROSAN, Japón (EFE).- Con túnicas blancas y una campana a la cintura "para espantar los malos espíritus", los "yamabushi" de Japón, antiguos guerreros de la montaña, viven hoy a caballo entre el mundo moderno y una milenaria tradición de culto a la naturaleza.

En la prefectura de Yamagata, al norte de Japón, cerca de un centro de investigación pionero en técnicas electrónicas, los "yamabushi" del siglo XXI continúan manteniendo vivos los ritos con los que, hace 1,400 años, sus antepasados honraban a la montaña y la naturaleza.

Tras llegar a la ciudad de Yamagata en el ultramoderno Shinkansen, el tren de alta velocidad nipón, y recorrer algunos kilómetros hasta el monte Hagurosan se puede ver a estos modernos adoradores de la montaña caminando con poco más que un bastón, una campanilla y una caracola que hacen sonar de tanto en tanto.

"Es un modo de comunicarnos con la naturaleza", explica Shuetsu Ito, un "yamabushi" que alterna sus periodos en la montaña con su trabajo como funcionario en el municipio de Tsuruoka, a los pies del Hagurosan.

Para convertirse en "yamabushi" tuvo que pasar un periodo de entrenamiento que se prolongó durante dos semanas y que, explica, fue como "morir y renacer de nuevo".

"Se trata de superar varias pruebas. Por ejemplo, meterse en una habitación cerrada llena de humo y polvo de pimienta roja. La sensación de asfixia es enorme. Luego, al salir, uno aprecia el aire puro como nunca", relata Ito.

Y es que ése es el objetivo del entrenamiento, que se puede prolongar hasta cien días y tiene varias pruebas que se mantienen en secreto. "Superar el pasado y convertirse en una persona nueva para contemplar de otra manera la naturaleza", recalca el "yamabushi".