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Hoy usted puede convertirse en un buen líder siempre y cuando disponga su corazón y esté listo para enfrentar el reto como un líder del bien y no del mal.

Los líderes del mal abundan y con su mal ejemplo arrastran a los demás hacia lo maligno. Por esto vemos este mundo, donde lamentablemente nuestra juventud especialmente quiere imitar siempre lo malo sucediendo lo mismo con los adultos.

Quisiera compartir una historia muy triste, hace unos días fui invitado a predicar a una iglesia al sur de la Florida y el pastor con lágrimas en sus ojos me comentaba como un mal líder acabó con el grupo de jóvenes que tenía en su iglesia. Eran más de treinta y cinco jóvenes que estaban creciendo espiritualmente, iban por el buen camino y hasta habían formado un magnífico conjunto musical. Pero un día llegó a la iglesia una persona que les dio el mal ejemplo, poniéndolos en contra del pastor y las buenas normas de la iglesia. Esta persona comenzó a invitarlos a bares, los indujo al vicio y acabó con este gran ministerio que estaba creciendo. Verdaderamente, ¡qué gran daño puede hacer un mal líder!

Desafortunadamente este tipo de personas las vamos a encontrar en todas partes, no solamente en la iglesia si no también en nuestros trabajos y desafortunadamente en nuestros hogares. El Señor nos dice en Mateo 18, 6: "Y cualquiera que haga tropezar a algunos de estos pequeños que creen en mí, mejor le fuera que se colgase al cuello una piedra de molino y que se hundiese en lo profundo del mar". Confirmándolo cuando nos dice: "¡Ay del mundo por los tropiezos, porque es necesario que vengan tropiezos, pero ay de aquel hombre por quien viene el tropiezo!"