La sordera espiritual es más profunda que la auditiva. (FOTO:Fotolia)
1/1

Dice el refrán que no hay peor sordo que el que no quiere oír y peor ciego que el que no desea ver.

Este ha sido uno de los grandes problemas de la humanidad desde el principio de su existencia, la sordera, claro que esta sordera desaparece cuando escuchamos únicamente lo que nos conviene. Si hacemos un poco de historia y nos remontamos cuando Dios creó al hombre le dijo en Génesis 2, 16: "De todo árbol del huerto podrás comer, mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que lo comieres ciertamente morirás". El hombre escuchó muy bien pero se hizo el sordo y no obedeció y en la primera oportunidad que tuvo comió, originando demasiados problemas para el resto de su existencia.

El mundo padece de sordera colectiva y todavía no queremos escuchar la voz de Dios y queremos siempre hacer lo que deseamos y nos guste, por esta razón nos apartamos de la voluntad de Dios y llevamos una vida de pecado en todos los niveles de nuestra sociedad. Me recuerda la historia del profeta Jeremías, que no contó con la simpatía de la gente en su época, ya que les decía la verdad, pero nunca lo quisieron escuchar y el Señor les enviaba a decir por medio de él, "Escuchad mi voz, y seré a vosotros por Dios y me series por pueblo; y andad en todo camino que os mande, para que os vaya bien, pero no me oyeron", parece que también eran sordos. Hace unos días vinieron a mi oficina una pareja de matrimonio con muchos problemas y cuando le pregunte al esposo el por qué se comportaba de esta manera, me respondió que escuchaba una voz que decía que lo hiciera, (adulterio, droga y alcohol). Para mí fue una respuesta muy infantil, pero desafortunadamente es la respuesta que escuchamos muy a menudo en un mundo de tantos sordos. En lugar de escuchar la voz que nos dice al que pecaba no peque más, al que adulteraba, no adultere más, al que fornicaba no fornique más, etc.