La mayoría de nosotros caemos en el gran error o vicio de siempre estar hablando de lo negativo de las cosas; nos concentramos casi siempre en los defectos y dejamos pasar siempre las cualidades y las cosas buenas; tenemos el defecto de quejarnos por todo.
Siempre que hablo con alguien, se está quejando de algo, malo porque tiene trabajo, malo porque está lloviendo, malo porque está comiendo, malo por todo y de tanto estar hablando negativamente, nos perdemos de las bendiciones que el Señor nos ha dado; cada vez que alguien viene a hablarme de todas estas cosas negativas lo que primero les aconsejo es que no se quejen tanto y más bien den gracias de todo lo que nuestro Dios nos da y que en lugar de estar renegando le dé gracias por el trabajo que tiene, por la salud que Dios le ha dado, por un nuevo día de vida, etcétera.
Muchas veces las personas vienen a mí para que ore por ellas porque no tienen trabajo y de hecho oramos juntos y cuando obtienen el trabajo, no han pasado dos semanas y ya se están quejando porque no tiene tiempo de descansar, y muchas veces expresándose con palabras feas de la bendición que Dios les ha dado.
Nuestra vida sería muy diferente en donde fuéramos más agradecidos y siempre estuviéramos hablando de las cosas buenas que nos pasan; visito todas las semanas los hospitales y oro con las personas que se encuentran enfermas y siempre les llevo palabras de aliento y los motivo a que le den gracias a Dios, sin interesar la situación que están pasando y muchas de ellas, y me dicen que sienten un gran alivio cuando comienzan a dar gracias y alabar a nuestro Dios.
La palabra de Dios nos enseña a ser agradecidos todo el tiempo, nos dice en Tesalonicenses 5, 16 y 18: "Estad siempre gozosos y dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús".
El ser agradecidos nos abre las puertas a un mundo de más oportunidades y de más bendiciones, es una buena medicina, para nuestro cuerpo y nuestro espíritu; no caigamos en el error de programarnos para la derrota y el fracaso como mucho lo hacen y antes de empezar el día hacen una lista de las cosas malas que les van a suceder y por lo general desafortunadamente les sucede y al final del día dicen con orgullo yo ya sabía que esto me iba a suceder, como si disfrutáramos el fracaso y la derrota, en lugar de empezar el día dándole gracias a Dios por un nuevo día de vida y por las oportunidades y nuevos retos que vamos a enfrentar.
Dejemos de estar viviendo en la calle de las quejas y pasemos a vivir a la calle de los agradecidos; allí las cosas se ven mejor y suceden muchos milagros, haga el cambio y verá un futuro mucho mejor, déle gracias a Jesucristo por haber venido a morir por todos nosotros, déle gracias a Dios porque su futuro está en las manos de Él, que este día no sea el día del pavo sino la plataforma para un mejor vivir, disfrutando las bendiciones que el Señor nos da.
La mayoría de nosotros caemos en el gran error o vicio de siempre estar hablando de lo negativo de las cosas; nos concentramos casi siempre en los defectos y dejamos pasar siempre las cualidades y las cosas buenas; tenemos el defecto de quejarnos por todo.
Siempre que hablo con alguien, se está quejando de algo, malo porque tiene trabajo, malo porque está lloviendo, malo porque está comiendo, malo por todo y de tanto estar hablando negativamente, nos perdemos de las bendiciones que el Señor nos ha dado; cada vez que alguien viene a hablarme de todas estas cosas negativas lo que primero les aconsejo es que no se quejen tanto y más bien den gracias de todo lo que nuestro Dios nos da y que en lugar de estar renegando le dé gracias por el trabajo que tiene, por la salud que Dios le ha dado, por un nuevo día de vida, etcétera.
Muchas veces las personas vienen a mí para que ore por ellas porque no tienen trabajo y de hecho oramos juntos y cuando obtienen el trabajo, no han pasado dos semanas y ya se están quejando porque no tiene tiempo de descansar, y muchas veces expresándose con palabras feas de la bendición que Dios les ha dado.
Nuestra vida sería muy diferente en donde fuéramos más agradecidos y siempre estuviéramos hablando de las cosas buenas que nos pasan; visito todas las semanas los hospitales y oro con las personas que se encuentran enfermas y siempre les llevo palabras de aliento y los motivo a que le den gracias a Dios, sin interesar la situación que están pasando y muchas de ellas, y me dicen que sienten un gran alivio cuando comienzan a dar gracias y alabar a nuestro Dios.