Washington/EFE — El hondureño Isaac Santos, estudiante de la prestigiosa Universidad de Columbia, recibió el Premio ACT a la Excelencia Académica, un honor que nunca habría imaginado cuando llegó a EE.UU. a los 11 años, sin hablar una palabra de inglés.
Santos tiene el típico perfil de estudiante estadounidense aplicado- 18 años, el título de graduación recién imprimido y la matrícula ya hecha en el primer curso de la Universidad de Columbia en Nueva York.
Sin embargo, según el jurado de ACT, la fundación que le concedió su premio a la excelencia académica, su progreso en la escuela está muy por encima de la media.
Para Santos, la clave está en el “esfuerzo”, el que necesitó para aprender inglés en 2002, cuando su madre lo envió desde su pequeño pueblo rural en el departamento hondureño de Copán hasta la casa de sus tías en Chicago (Illinois).
“Empecé en un programa bilingüe, pero aún así estaba retrasado en comparación con los demás estudiantes, y me costó muchísimo solucionar ese problema”, explicó en una entrevista a Efe.
Como muchos inmigrantes latinos, Santos se relacionaba con hispanos, hablaba en español y encontraba muy difícil adaptarse al ambiente anglófono de su escuela.
Pero tenía claro que no ir a la universidad, y no cumplir el sueño de su madre, habría sido “un fracaso".
“Por eso, cuando en mi evaluación de octavo grado me dijeron que no estaba rindiendo como debía, me di cuenta de que tenía que trabajar bastante más. Fue difícil, porque no tenía la madurez necesaria para afrontar muchas cosas, y apenas tenía ayuda moral”, reconoció.
Al empezar la escuela secundaria, Santos se mudó con sus hermanas, que hasta entonces vivían en casa de otra tía suya en Chicago, y comenzó a hacer amigos estadounidenses, “porque quería hablar más inglés".
Cuando acabó el tercer año en la escuela Lincoln Park de Chicago, su media era de sobresaliente.
“Es por eso que he conseguido este premio”, asegura.
Santos no deja de reiterar el apoyo que ha supuesto para él su madre, que sólo podía viajar a Chicago los veranos pero con la que ha mantenido “una conexión constante” durante estos siete años.
Por su parte, el joven no pudo volver a Honduras hasta el verano de 2007, porque “hasta hace muy poco no tenía papeles".
“El contraste fue fuerte. Me gustó poder ver lo mucho que ha cambiado el país desde que lo dejé”, dijo Santos, que aún recuerda “muy bien” su infancia en el país.
Sin embargo, no está demasiado preocupado por la situación política del país tras el golpe de Estado que el pasado 28 de junio derrocó al presidente Manuel Zelaya e instauró en el poder a Roberto Micheletti.
“No lo sigo mucho, la verdad. Mi madre me va contando, y es preocupante, pero creo que todo se arreglará”, aseguró.
Santos no considera que el camino que él ha seguido, el de la emigración en busca de un futuro mejor, sea imprescindible para conseguir una buena educación. “La clave es el esfuerzo, en Honduras, Estados Unidos, o donde sea”, subrayó.
De hecho, sus raíces y su educación le han dividido- está “muy orgulloso de ser hondureño”, pero al mismo tiempo tiene claro que quiere seguir estudiando y trabajar en Estados Unidos.
“Lo que quiero es destacar el valor de los hispanos en esta sociedad, demostrar que sí podemos llegar a posiciones destacadas”, señaló.
En esa tarea le ha inspirado gente como Sonia Sotomayor, la primera hispana en ocupar un asiento en el Tribunal Supremo.
“Es emocionante ver que personas como ella pueden llegar a estos puestos. Es lo que yo quiero hacer”, sentenció.
De momento, aún no sabe si lo hará desde una licenciatura en Historia del Arte, o en Derecho. “He conseguido muchas cosas, pero aún no lo tengo todo claro”, bromeó.