La Casa de España en Puerto Rico, reinaugurada en septiembre pasado después de meses de reconstrucción y considerada lugar histórico. Foto EFE
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El Viejo San Juan carga sobre sus espaldas siglos de historia, que se remontan al 1493, cuando Cristóbal Colón llegó a la isla, y al siglo XV, en que los españoles construyeron enormes fortalezas.

Hoy las calles de piedra del barrio retumban con música salsa y reciben a los visitantes con un montaje caótico de restaurantes, negocios y clubes en medio de la arquitectura del Viejo Mundo. Una visita al Viejo San Juan justifica mucho más que una escala de un crucero. Es un sitio extraordinario que bien puede ser usado como base para una vacación caribeña, y como alternativa a un complejo hotelero en la playa.

Uno puede recorrer el Viejo San Juan a pie, de una punta a la otra, en 15 minutos, pasando junto a edificios en todos los tonos pastel imaginables. Caminará por la calle Tetuán, de un metro y medio (cinco pies) de ancho y considerada una de las más angostas del mundo. De los balcones sobresalen parras con flores brillantes y desde algunos sectores se puede ver el mar.

Abunda el alojamiento y algunos hoteles, como el famoso El Convento; son edificios históricos con un estilo inconfundiblemente español. El Convento albergó alguna vez un convento carmelita, en el siglo XVII. El hotel abrió sus puertas en 1962 y recibió a figuras como Rita Hyworth. De noche, en sus patios estilo moro, se escucha al coquí, una rana nativa que emite un silbido fuerte.

¿Y LOS PRECIOS?

En los meses pico del invierno boreal, una habitación en El Convento cuesta entre 280 y 400 dólares (en otoño cuestan menos). Otras opciones un poco más baratas son el Hotel Milano y el Casa Blanca Hotel, a entre 100 y 200 dólares la noche en invierno.