El tercer Informe de Gobierno del presidente Felipe Calderón refleja las serias dificultades en que se encuentra el mandatario a la mitad de su gestión. El mensaje central de un cambio drástico para enfrentar el resto de su gestión es un reconocimiento a que el camino recorrido hasta ahora no ha dado los resultados esperados.
México enfrenta una severa crisis económica y una ola de inseguridad pública, además de la guerra frontal del gobierno contra los carteles de la droga. Estos desarrollos están dejando un sentimiento de frustración hacia el gobierno que se ha incrementado con los comentarios de Calderón de que es necesario hablar mejor de México y la lamentable comparación que hizo con Colombia para explicar que el ciclo de violencia no era tan grave en México.
En este aspecto es positivo el mensaje del mandatario de pasar de los "cambios posibles" de estos tres años a los "cambios de fondo", al igual que proponer esta estrategia para actuar en un plan de 10 puntos que tiene las prioridades de combatir la pobreza, mejorar la atención de salud y la calidad de la educación.
El reto para Calderón es convencer al Partido de la Revolución Democrática y al Partido de la Revolución Institucional para formar la "gran alianza" necesaria para conseguir objetivos comunes.
La desconfianza de la oposición es comprensible ante una propuesta presidencial que parece copiada de las promesas de la campaña pasada de Calderón en vez de una propuesta presidencial actualizada a la realidad del momento. De todas maneras, está en manos de la oposición presionar al gobierno por cambios en áreas que son indiscutibles aunque específicamente las propuestas sean distintas.
El desafío para el PRI y el PRD es no caer en la tentación de contribuir al fracaso del gobierno panista para obtener futuros réditos electorales.
El tercer Informe de Gobierno del presidente Felipe Calderón refleja las serias dificultades en que se encuentra el mandatario a la mitad de su gestión. El mensaje central de un cambio drástico para enfrentar el resto de su gestión es un reconocimiento a que el camino recorrido hasta ahora no ha dado los resultados esperados.
México enfrenta una severa crisis económica y una ola de inseguridad pública, además de la guerra frontal del gobierno contra los carteles de la droga. Estos desarrollos están dejando un sentimiento de frustración hacia el gobierno que se ha incrementado con los comentarios de Calderón de que es necesario hablar mejor de México y la lamentable comparación que hizo con Colombia para explicar que el ciclo de violencia no era tan grave en México.
En este aspecto es positivo el mensaje del mandatario de pasar de los "cambios posibles" de estos tres años a los "cambios de fondo", al igual que proponer esta estrategia para actuar en un plan de 10 puntos que tiene las prioridades de combatir la pobreza, mejorar la atención de salud y la calidad de la educación.
El reto para Calderón es convencer al Partido de la Revolución Democrática y al Partido de la Revolución Institucional para formar la "gran alianza" necesaria para conseguir objetivos comunes.
La desconfianza de la oposición es comprensible ante una propuesta presidencial que parece copiada de las promesas de la campaña pasada de Calderón en vez de una propuesta presidencial actualizada a la realidad del momento. De todas maneras, está en manos de la oposición presionar al gobierno por cambios en áreas que son indiscutibles aunque específicamente las propuestas sean distintas.