Will Smith y Rosario Dawson en una escena de la película ‘Seven Pounds. (FOTO:Suministrada)
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Cuando Will Smith recibe a La Vibra con motivo de la promoción de Seven Pounds, su filme más reciente, lo primero que exclama es: "¡Qué nervioso estoy!"

Y no es para menos: su hijo Jaden Smith, con el que compartió cartel en The Pursuit of Happyness, está en esos momentos en el estudio de grabación del programa de entrevistas Ellen, presentado por la comediante Ellen DeGeneres, hablando de su papel en The Day the Earth Stood Still.

"Es su primera vez en un programa así", comenta el orgulloso padre. "¡Estoy de los nervios!".

Will Smith es la estrella de cine más exitosa del momento. Todas las películas en las que ha intervenido desde Men in Black II (2002) han superado los 100 millones de dólares en la taquilla de EEUU.

Y qué decir del mercado internacional: no hay país que no espere impaciente su nueva producción. Incluso un drama como The Pursuit of Happyness, dirigido por el italiano Gabriele Muccino, el mismo responsable de Seven Pounds, consiguió acumular 307 millones de dólares en todo el mundo (la cantidad aumentó a 584 y 624 millones en los casos de I Am Legend y Hancock, respectivamente).

Pero Seven Pounds es distinta a todas esas cintas.

Se trata de un drama cuya primera escena muestra a la estrella de Bad Boys llamando por teléfono a emergencias y advirtiendo que es testigo de un suicidio.

La víctima: él mismo.

A partir de aquí la historia viaja hacia atrás en el tiempo —y durante sus últimos minutos hacia adelante—, revelando los motivos de tal llamada.

No es un filme fácil, ni tampoco está estructurado como si se tratara de una producción convencional de estudio de Hollywood.