Cuarta parte
BETHESDA, Maryland.— Hace diez años el gobierno comenzó a realizar pruebas con remedios para la salud provenientes de hierbas y otros recursos alternativos para saber cuáles funcionaban. Después de gastar 2.5 mil millones de dólares, la decepcionante respuesta parece ser que casi ninguno de ellos tiene resultados.
Equinácea para el resfrío. Ginkgo biloba para la memoria. Glucosamina y condroitina para la artritis. Serpentaria para los sofocos de la menopausia. Palma enana americana para problemas de próstata. Cartílago de tiburón para el cáncer. Ninguna demostró ser mejor que las píldoras de placebo en los grandes estudios financiados por el Centro Nacional para Medicina Complementaria y Alternativa. La única excepción: las cápsulas de jengibre pueden aliviar las náuseas provocadas por la quimioterapia.
En cuanto a las terapias, la acupuntura demostró ayudar en determinados problemas, y yoga, masajes, meditación y otros métodos de relajación pueden aliviar síntomas como el dolor, la ansiedad y el cansancio.
Sin embargo, el gobierno también financia estudios de supuestos campos de energía, sanación a distancia y otras estrategias que tienen poca o ninguna verosimilitud biológica o evidencia.
Los contribuyentes proporcionan el dinero para estudiar si presionar diferentes puntos en la cabeza puede ayudar a perder peso, si las ondas cerebrales emitidas por un "maestro" especial pueden ayudar a terminar la adicción a la cocaína, y si usar imanes puede ayudar con el problema en las muñecas, el síndrome de túnel carpiano.
La técnica de pérdida de peso por acupresión obtuvo una subvención de 2 millones de dólares, aunque un pequeño estudio del método en 60 personas no encontró ningún beneficio significativo —solamente una tendencia alentadora que podría haber ocurrido por azar—. El investigador aseguró que el estudio piloto se había realizado solo para ver si la técnica era viable.
"Uno espera que haya razonamiento científico" en una agencia científica federal, dijo R. Barker Bausell, autor de Snake Oil Science y experto en métodos de investigación en la Universidad de Maryland, uno de los principales sitios de investigación financiados por la agencia. "Investigar tonterías se ha convertido en algo políticamente correcto".
Muchos científicos aseguran que los tratamientos no convencionales son prometedores y que merecen ser estudiados seriamente, pero que el centro federal debe ser más escéptico y selectivo.
"No se tiene todo el dinero del mundo y hay que elegir" en qué es mejor gastar el dinero de los contribuyentes, dijo Barrie Cassileth, jefe de medicina integradora en el centro para el cáncer Memorial Sloan-Kettering en Nueva York.
"Muchos de los estudios que se financiaron, yo no los hubiera financiado, porque parecen irracionales e insensatos; [son] estudios sobre sanación a distancia mediante la oración y la energía sanadora, estudios que se basan en preceptos e ideas que son contrarios a lo que se conoce en términos de psicología humana y enfermedad", aseguró.
En una entrevista realizada poco después de convertirse en la nueva directora del centro federal, la doctora Josephine Briggs dijo que el centro tenía sólidos antecedentes en cuanto a investigación, y elogió la cantidad de "importantes" científicos que habían solicitado las subvenciones. Admitió que no hubo grandes avances en la primera década de actividad del centro, excepto un estudio que concluyó que la acupuntura aliviaba la artritis en las rodillas. Esa conclusión fue cuestionada cuando más tarde, una investigación más amplia encontró que un tratamiento placebo era igual de efectivo.
"Los estudios iniciales estaban guiados por un entusiasmo demasiado fuerte, y ahora estamos aprendiendo cómo analizar las pruebas" y a hacer más ciencia básica antes de probar un suplemento en particular, dijo Briggs, que estudió en universidades de la Ivy League y que tiene una respetada carrera científica.
"Existen muchos estudios negativos en la medicina convencional", y el gasto del gobierno es pequeño comparado con la inversión de las empresas farmacéuticas, agregó.
Sin embargo, los críticos aseguran que a diferencia de las empresas privadas que sufren la presión de los resultados económicos para abandonar un medicamento que fracasa, el centro federal es reticente a admitir que un suplemento puede no tener méritos, a pesar de un plan estratégico en el que existe el compromiso de no tergiversar los datos ante conclusiones negativas.
La equinácea es un ejemplo. Después de que en un gran estudio realizado por un destacado virólogo se concluyó que no era efectiva contra el resfrío, los defensores de la hierba dijeron que se había realizado la prueba con la especie equivocada de la planta, de la que hay nueve. Las autoridades oficiales estuvieron de acuerdo en que se necesitaba más investigación, aunque habían aprobado el tipo de hierba usado en el estudio.
"Ha existido una política deliberada de no decir nunca que algo no funciona. Es como si se pudiera hablar solo en una dirección", y decir que una versión o una dosis diferente podría dar resultados diferentes, dijo el doctor Stephen Barrett, médico responsable de Quackwatch, un sitio en internet sobre fraudes médicos.
Los críticos también aseguran que la agenda del centro federal de investigaciones está diseñada por una junta asesora llena de practicantes de la medicina alternativa. Son al menos nueve de los 18 miembros de la junta, tal como lo exigen los estatutos. Muchos de los estudios para los que aprobaron financiamiento son llevados a cabo por proveedores de terapias alternativas. También se han otorgado subvenciones a miembros de la junta.
"Es el zorro cuidando el gallinero", dijo el doctor Joseph Jacobs, que dirigió la Oficina de Medicina Alternativa, una agencia federal más pequeña anterior a la creación del centro. "Esto no es ciencia, es ideología por parte de los defensores".
Briggs defendió su participación.
"Si se va a hacer un estudio sobre acupuntura, se necesitarán personas con experiencia en acupuntura", dijo. Esos terapeutas "creen en lo que hacen", algo que no es diferente de los gastroenterólogos haciendo un estudio sobre colonoscopía, y un buen diseño del estudio puede eliminar el sesgo, aseguró.
El centro recibió una misión equivocada, según algunos científicos.
El Congreso creó el centro después de que varios miembros poderosos aseguraron que existían beneficios para la salud que habían comprobado ellos mismos usando métodos de medicina alternativa, y convencieron a otros de que este campo necesitaba más investigación. El nuevo centro recibió 50 millones de dólares en 1999 (el presupuesto fue de 122 millones de dólares el año pasado) y se le ordenó investigar terapias y remedios no convencionales usados por los estadounidenses para ver cuáles tenían resultados.
Es un funcionamiento opuesto al de otras agencias de los Institutos Nacionales de Salud, en los que se exigen pruebas científicas o al menos verosimilitud para justificar los estudios, y los tratamientos se usan después de que hay pruebas de que funcionan —no antes—.
"Existe muy poca base científica detrás de estas cosas. La mayoría comienza con una tradición, o un testimonio personal y las creencias de las personas, incluso como una moda pasajera. Y luego llega la presión: ‘Es popular, se está usando, debería investigarse’. Hace que las cosas sean al revés", dijo el doctor Edward Campion, editor que revisa las investigaciones de medicina alternativa de la publicación New England Journal of Medicine.
Ese razonamiento fue usado para justificar la investigación de pérdida de peso de 2 millones de dólares, aprobada en 2007. El estudio analiza la acupresión Tapas, creada por Tapas Fleming, una acupunturista de California. El uso de su método exige emplear personas que ella certifica, y la investigación requiere ocho.
Consiste en presionar sobre puntos específicos del rostro y la cabeza —los extremos internos de los ojos son dos de esos puntos— al mismo tiempo que se concentra en un problema. El doctor Charles Elder, un médico de Kaiser Permanente que gestiona una clínica de medicina ayurvédica y en base a hierbas en Portland, Oregon, investiga si puede evitar que personas que están a dieta vuelvan a ganar peso.
Supongamos que una persona llega a casa y se ve tentada por los Twinkies que hay sobre la mesa. La solución: comenzar a hacer acupresión "y decir algo así como ‘Tengo un impulso incontrolable de comer Twinkies’", dijo Elder. Luego se concentra en un pensamiento opuesto, por ejemplo "Controlo lo que como".
En la medicina china, se cree que la presión libera energía natural en un lugar del cuerpo "responsable por transformar el deseo animal en pensamientos superiores", dijo Elder.
En un estudio piloto financiado con dinero federal, 30 personas que seguían una dieta y a las que se enseñó acupresión volvieron a aumentar solo media libra seis meses más tarde, en comparación con más de tres libras que aumentó un grupo de comparación de 30 personas. Sin embargo, la investigación no tuvo en cuenta una norma científica clave para demostrar que los resultados no se trataban de una casualidad estadística.
Según Elder, la prueba piloto era para ver si la técnica era viable. Los resultados fueron lo suficientemente buenos como para que el centro federal otorgara 2.1 millones de dólares para una investigación más grande en 500 personas que se está desarrollando ahora.
La investigación en medicina alternativa también tiene la complicación de la naturaleza subjetiva de muchas de las cosas que se investigan. Dolor, memoria, deseo de consumir algo, ansiedad y cansancio son síntomas que las personas toleran y experimentan de formas muy diferentes.
Considere una pregunta como, "¿El yoga funciona para el dolor de espalda?", dijo Margaret Chesney, psicóloga que es directora asociada del Centro para Medicina Integrativa en la Universidad de Maryland, que recibe financiamiento federal.
"¿Qué tipo de yoga? ¿Qué tipo de dolor de espalda?". ¿Y qué significa "funcionar" —ayudar a alguien a evitar una operación, mantener un empleo o necesitar menos medicamentos?—.
Algunas cosas —los meridianos del cuerpo que los acupunturistas dicen que siguen, o las fuerzas de energía que los sanadores dicen que manipulan— no pueden medirse, y muchos científicos cuestionan su existencia.
Estudiar hierbas es difícil porque no están normalizadas, como se exige que estén los medicamentos de receta. Una marca puede contener las flores de una planta, otra las semillas y otra los tallos y las hojas, en diferentes cantidades.
Hay 150 fabricantes de serpentaria "y probablemente no hay dos que sean exactamente iguales, y es probable que algunas personas estén colocando aserrín en cápsulas y vendiéndolo", dijo Norman Farnsworth, investigador de medicina en base a hierbas que recibe financiamiento federal en la Universidad de Illinois en Chicago.
Incluso después de una investigación cuidadosa, "uno sabe algo más exacto y seguro sobre lo que ese agente hizo en esa población con esa medición de los resultados, pero no necesariamente se sabe toda la gama de su eficacia", tal como el estudio sobre equinácea demostró, dijo Briggs.
El centro publica información sobre suplementos y tratamientos en su sitio en internet, y tiene una línea telefónica para que el público haga preguntas —incluso cuando la respuesta es que no se sabe suficiente como para aceptar o descartar que provocan algún beneficio o daño—.
"Espero que estemos desarrollando conocimiento y, al menos, un consumidor informado", dijo Briggs.