REPORTAJES/EFE — Los radicales libres pueden tener efectos beneficiosos para la salud, pues su amplio poder abrasivo destruye virus y bacterias causantes de patologías difíciles. Sin embargo, las defensas siempre deben estar en situación de alerta para contrarrestar los efectos perversos de las moléculas desparejadas que operan en cuestión de décimas de segundo en busca del electrón que necesitan, y que roban a las moléculas normales, convirtiéndolas a su vez en radicales libres.
La aparición de radicales libres en nuestro cuerpo puede deberse tanto a causas internas como externas. Un sobreesfuerzo físico —lo que se denomina “estrés oxidativo”—, una fatiga crónica o una alteración metabólica figuran en la nómina de causas internas, mientras que las exógenas pueden obedecer a la contaminación ambiental, a una excesiva exposición a productos tóxicos o radiaciones solares, a una alimentación anómala o al consumo excesivo de excitantes, como alcohol y tabaco, y de fármacos.
No deja de ser paradójico que el ejercicio físico excesivo pueda ser fuente de generación de radicales libres cuando lo normal era creer que debía de ser lo contrario. La razón estriba en que si la persona no está bien entrenada, al consumir mucho oxígeno se producen las moléculas desparejadas que son responsables de la oxidación y el desgaste de las moléculas básicas en la vida de la célula.
Así, los carbohidratos, los lípidos, las proteínas y los ácidos nucleicos alteran las estructuras de la célula cambiando sus funciones, lo que provoca un envejecimiento de aquella y puede llegar incluso a destruirla.
La cuestión es clara: el oxigeno que necesitamos para vivir también nos desgasta.
De los radicales libres comenzó a hablarse hace unos cincuenta años. Diferentes estudios han relacionado estas moléculas con las enfermedades degenerativas, entre ellas el cáncer, las afecciones cardiovasculares, la artritis, etc. También han sido asociadas al envejecimiento, ya que las células se oxidan durante cualquier proceso lógico de activación vital.
Para combatir esas moléculas reactivas, la literatura médica ha recordado la existencia de antioxidantes endógenos en nuestro sistema de defensas, como son las enzimas provistas sobre todo de componentes minerales, como hierro, zinc, magnesio, cobre y selenio.
La naturaleza nos ofrece por su lado antioxidantes naturales que se pueden encontrar sobre todo en frutas y verduras crudas, entre ellas las espinacas, las zanahorias, los mangos, los tomates, los melones, y los melocotones o duraznos.
No obstante, la suposición de que la buena alimentación y un ritmo de vida equilibrado frenan la oxidación orgánica ha sido puesta en tela de juicio. Un estudio reciente de la University College London aseguró que para tratar de frenar el envejecimiento, de nada sirve seguir una dieta rica en verdura, cereales y fruta, o aplicarse cremas contra los efectos de los radicales libres.
"No hay una prueba clara" de que los antioxidantes frenen la aparición de arrugas, afirman los autores de esta investigación, que cuestionan así una teoría que tiene más de medio siglo de historia, según la cual los antioxidantes son una especie de elixir de juventud.
La investigación, realizada a partir del control del envejecimiento de unos gusanos de características metabólicas similares a las humanas y publicada en la revista "Genes and Development", recuerda que en 1956 algunos científicos aseguraron que el envejecimiento es causado por el daño celular que causan esas formas reactivas del oxígeno que son los radicales libres. Según esta teoría, los antioxidantes tienen la capacidad de retardar o prevenir esa oxidación.
Al tiempo que cuestionan la tesis, los autores del estudio critican a los laboratorios fabricantes de productos para la belleza y la salud por aprovecharse de aquella teoría para encontrar un filón en las dietas y en las cremas antioxidantes.
El director del equipo investigador, David Gems, está convencido de que “el estrés por oxidación” no es un factor tan importante en el envejecimiento de nuestras células y tejidos como se había mantenido hasta el momento, aunque ello no quiere decir que una dieta equilibrada y saludable no ayude a prolongar la vida, pero es porque previene enfermedades como el cáncer, la diabetes y la osteoporosis, no las arrugas.
El seguimiento en las probetas de laboratorio de las reacciones químicas de los radicales libres está siendo aprovechado a su vez por la industria farmacéutica para la prevención frente a algunas enfermedades graves.
Una pomada que estimula la aparición de radicales libres y desarrollada por científicos brasileños de la Universidad de Sao Paulo acaba con células tumorales de la piel con una eficacia del 95%, según han demostrado hasta ahora los diferentes ensayos realizados. El tratamiento consiste en aplicar la crema, hecha con nanomateriales, en la zona afectada, por la cual se pasa posteriormente una luz ultravioleta que hace que el fármaco se active y provoque una serie de reacciones químicas.
Estas reacciones crean radicales libres que son los encargados de matar las células cancerígenas haciendo que el tumor desaparezca en cuestión de “entre 7 y 21 días”, según aseguró el coordinador de la investigación, Antonio Claudio Tedesco.
Los descubridores de la pomada advierten de que sólo sirve para destruir tumores en estado inicial e intermedio de formación, pero no elimina los melanomas, que son el tipo de cáncer de piel maligno en estado avanzado más característico.
De acuerdo con otro estudio aparecido en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences, un grupo de investigadores descubrió en experimentos con ratones que inyectar altas dosis de vitamina C sirve para reducir el peso y el ritmo de crecimiento de los tumores en varios tipos de cáncer.
Según la investigación, la vitamina C desempeña un papel crítico en la salud y una deficiencia prolongada de ella conduce al escorbuto y eventualmente a la muerte. Entre otras cosas, la vitamina C actúa como un antioxidante que protege a las células de los radicales libres.