Se necesita muy poco más que una capa, una máscara o un viejo vestido de baile de graduación para hacer que la mente de un niño vuele. [FOTOS: AP]
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NUEVA YORK.— ¿Los niños ya tuvieron suficiente diversión bajo el sol? Está bien darles un descanso de la arena, los juegos con agua y los chapuzones, y permitirles descubrir otro placer de la infancia que puede extenderse a todo el año: el baúl de los disfraces.

Pequeñas princesas, niños karatecas y bomberos pueden jugar durante horas preparando su atuendo y luego dedicar varias horas más a dejar volar su imaginación construyendo un mundo de fantasía que cabe en su sala.

"El juego de imaginación y representación, que es a lo que siempre conducen los disfraces, es una oportunidad de soñar, de que los niños abran sus mentes", dice Jack Ashkenazie, vicepresidente ejecutivo de desarrollo de negocios de Almar Sales, empresa dueña de My Princess Academy y las amplias faldas de tul y tiaras.

Asegura que las ropas y los accesorios son las herramientas que los niños necesitan para transformarse en otras cosas, incluso cuando, en realidad, no saben mucho acerca de la época, el lugar o las responsabilidades de esa persona; y no es lo que importa. Ashkenazie recuerda sus fantasías de ser un soldado y un ninja, y cómo cuando fue adulto no tuvo ningún interés en desarrollar esas actividades.

Debido a que su niña es hija única, Cindy Chapman, de Big Lake, Minnesota, dice que los disfraces son uno de los principales recursos para jugar. Los trajes generalmente llevan a fuertes y tiendas de campaña caseros, o su hija termina tomando de los armarios de la cocina recipientes transparentes para usar como cascos de astronauta o sartenes y ollas para su banda, asegura Chapman, colaboradora frecuente de Momslikeme.com.

"Nunca hubiera pensado que los recipientes que cuestan diez centavos en una venta de garaje podían ser puro entretenimiento, pero un niño sí puede pensarlo", dice.