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El culto a la belleza, al físico y la seducción está disponible en exceso en los medios de comunicación, a los cuales los niños y jóvenes tienen acceso.

Tanto las madres como los padres deben subirse rápido al tren del presente para educar a los hijos según el mundo que les toca vivir. Por ejemplo, no se trata de que no los dejen ver televisión, ni eliminar la computadora, sino de seleccionar el uso que se le va a dar a esos valiosos medios comunicación que sirven para educar también.

La imitación es una de las formas de aprendizaje mas común. De acuerdo con esto, los contenidos sexuales severos y alejados de la realidad a los que están expuesto los menores aceleran las manifestaciones de su sexualidad. Las vías por las que los chicos llegan al conocimiento de su propio cuerpo y de sus sensaciones no son siempre las más adecuadas.

En la actualidad, los niños están mucho más informados que hace 10 años, y ni qué hablar de 20 años antes; pero igual que en todas las épocas, ellos necesitan confiar en lo que sus padres les digan. Son los padres los responsables de filtrar la información.

Dependiendo de la actitud de los padres, los hijos aprenden si el sexo es bueno o malo.

Por ejemplo, ningún padre se siente turbado cuando le enseña a sus hijos a comer, a caminar, a tener buenos hábitos. Pero no pasa lo mismo con el desarrollo sexual.

La educación sexual de los hijos es negada hasta que llega la adolescencia, y cuando se convierte en "motivo de deshonra" entonces viene la preocupación.

Existe una realidad innegable: los padres son un modelo con sus actitudes, aunque no hablen del tema.