BOSTO, Massachusets.— Todos los sábados cuando estaba preso, Papo González se sentaba en su celda, se ponía los audífonos, sintonizaba el programa radial Con Salsa! y esperaba escuchar a su esposa.
En determinado momento, el conductor del programa, José Massó, leía un mensaje para él: "Un saludo para Papo de Luisa. Buenas noches. Pienso en ti".
Para muchos reos, programas radiales como ¡Con Salsa! son su único contacto con familiares y amigos. Las personas que llaman —novias, esposas, padres, hermanos, madres— les dedican canciones, les hacen confesiones, les dan noticias, les envían su cariño y hasta hacen hablar a sus hijos.
"Quisiera dedicar a Carlos Moreno este tema, Stand By Me", dijo recientemente una mujer en el programa Art Laboe Connection, producido en California. "Quiero que sepas que te quiero y te extraño. Buenas noches".
Alguien que se identificó como María, de Albuquerque, Nuevo México, le pidió a Laboe que le diga a su marido, Junior, que no ve la hora de volver a verlo.
"Escuchábamos al radio, esperando el saludo de una voz conocida", comentó González, quien tiene 37 años. "Nos alentaba y nos hacía desear salir y enderezar nuestras vidas".
Ni Massó ni Laboe recuerdan cuando fue exactamente que estos mensajes a presos se hicieron rutina, pero ambos afirman que son una parte importante de sus programas semanales.
"A través de las llamadas la gente se comunicaba con esas almas, diciendo su nombre o esperando escuchar un nombre", expresó Massó, un puertorriqueño cuya audiencia está compuesta mayormente por puertorriqueños y dominicanos.
Massó, quien tiene 58 años, comenzó a emitir ¡Con Salsa! hace 34 años en la radio pública de la Universidad de Boston, 90.9 WBUR-FM, mientras enseñaba en una escuela secundaria. En esa época era uno de los pocos programas que difundía música hispana en Nueva Inglaterra. Además de ofrecer la música de artistas como Héctor Lavoe y El Gran Combo, el programa funcionaba como un foro comunitario, según Massó.
El programa se transmite entre las 10 de la noche del sábado y las tres de la mañana del domingo, y se escucha en Massachusetts, el sur de Nueva Hampshire y parte de Connecticut. Igual que el programa de Laboe, es transmitido en vivo por la internet.
La esposa de González, Luisa Peña, de 35 años, dijo que ¡Con Salsa! le permitió mantenerse en contacto con su marido durante sus dos recientes estadías en la cárcel.
"Fue muy importante porque quiero a mi esposo y quería desearle unas buenas noches", señaló Peña. "Fue duro, sufrí mucho".
Laboe es un estadounidense de origen armenio de 83 años, cuyo verdadero nombre es Arthur Egnoian. Comenzó a difundir dedicatorias en la década de 1940. Su programa es escuchado sobre todo por mexicano-estadounidenses.
Se hizo muy popular entre los chicanos conduciendo bailes en El Monte, en los que participaban tanto hispanos como negros y blancos, según Anthony Macías, profesor de estudios étnicos de la Universidad de California-Riverside.
En la legendaria emisora radial de Los Angeles KPOP, Laboe difundió la música de artistas hispanos que otras radios ignoraban. "Desde entonces, los latinos le han sido fieles", dijo Macías. "Varias generaciones de familias crecieron escuchando su voz".
El programa actual de Laboe, Art Laboe Connection, se transmite los domingos y es difundido por 13 emisoras comerciales de California, Nevada, Nuevo México y Arizona. Se escuchan temas viejos, de hace tres décadas, y algunos éxitos recientes de rhytm and blues. Transmite dedicatorias "al menos una vez por minuto".
Macías dijo que la música que selecciona con frecuencia refuerza el contenido de la dedicatoria. Por ejemplo, canciones como I’m on the Outside (Looking In), de Little Anthony & the Imperials, o Don’t Let No One Get You Down, de War, hablan de la perseverancia, mientras que temas de salsa como Buscando América, de Rubén Blades, reflejan la promesa de justicia e igualdad, indicó.
"La música es parte de la experiencia", señaló Macías.
Los dos conductores reciben pedidos de dedicatorias para personas que sirven en las fuerzas armadas. Pero los mensajes a los presos son un componente vital de sus programas.
"Hay una fuerte tradición oral en las comunidades latinas", comentó Mari Castañeda, profesora de comunicaciones de la Universidad de Massachusetts-Amherst. "Y estos programas le permiten a la gente decirle al mundo lo que están viviendo, que es posible querer a alguien que ha sido marginado de la sociedad, por la razón que sea".
Castañeda dijo que los programas son especialmente populares entre los hispanos porque los conductores no emiten juicios y dejan que la gente hable libremente. A veces la persona que llama pide perdón por haber sido infiel o rompe una relación en el aire.
Para muchas familias, esta es la mejor forma de hacer llegar mensajes porque con frecuencia las prisiones están lejos de donde vive alguien o tienen muchas restricciones a las visitas. En Massachusetts, por ejemplo, los centros penitenciarios tienen distintas normas para las visitas y se puede llamar por teléfono sólo durante ciertas horas, destacó Diane Wiffin, del Departamento de Corrección. Pero los reos pueden escuchar la radio con audífonos en cualquier momento.
"Algunos de estos reos están encerrados en sitios donde no pueden tener visitantes ni hacer llamadas telefónicas", manifestó Laboe. "Pero pueden escuchar la radio".
Laboe dijo que hubo casos en los que alguien que llema le presenta al preso nuevos miembros de la familia.
"Escuchan a su hijo por primera vez en mi programa", déclaró.
Massó lee él mismo las dedicatorias porque hace su programa solo, mientras que Laboe lee algunas y deja también que los interlocutores las transmitan ellos mismos.
En un reciente programa de Con Salsa!, una mujer que se identificó como Teresa le envió un correo electrónico a Massó, pidiéndole que le transmitiese un saludo a su "amor" Rafael Olivencia, quien cumplía una condena en Concord.
"De Teresa para Rafa", dijo Massó. "Recuerda la playa, papi. No veo la hora de volver a vivir eso".
Una mujer que no se identificó llamó a Laboe para darle las buenas noches a su marido.
"Esto es para Juanito Santos, mi esposo", dijo la mujer. "Te quiero para siempre, papito. Duerme con los ángeles y sueña conmigo. Te dedico la canción Sabor a mí".
Luego le tiró un beso y Laboe hizo sonar la canción.