José Massó toma una llamada en su programa ‘¡Con salsa!’ en una estación de Boston. [Foto: AP]
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BOSTO, Massachusets.— Todos los sábados cuando estaba preso, Papo González se sentaba en su celda, se ponía los audífonos, sintonizaba el programa radial Con Salsa! y esperaba escuchar a su esposa.

En determinado momento, el conductor del programa, José Massó, leía un mensaje para él: "Un saludo para Papo de Luisa. Buenas noches. Pienso en ti".

Para muchos reos, programas radiales como ¡Con Salsa! son su único contacto con familiares y amigos. Las personas que llaman —novias, esposas, padres, hermanos, madres— les dedican canciones, les hacen confesiones, les dan noticias, les envían su cariño y hasta hacen hablar a sus hijos.

"Quisiera dedicar a Carlos Moreno este tema, Stand By Me", dijo recientemente una mujer en el programa Art Laboe Connection, producido en California. "Quiero que sepas que te quiero y te extraño. Buenas noches".

Alguien que se identificó como María, de Albuquerque, Nuevo México, le pidió a Laboe que le diga a su marido, Junior, que no ve la hora de volver a verlo.

"Escuchábamos al radio, esperando el saludo de una voz conocida", comentó González, quien tiene 37 años. "Nos alentaba y nos hacía desear salir y enderezar nuestras vidas".

Ni Massó ni Laboe recuerdan cuando fue exactamente que estos mensajes a presos se hicieron rutina, pero ambos afirman que son una parte importante de sus programas semanales.

"A través de las llamadas la gente se comunicaba con esas almas, diciendo su nombre o esperando escuchar un nombre", expresó Massó, un puertorriqueño cuya audiencia está compuesta mayormente por puertorriqueños y dominicanos.