Irse a la cama temprano, vestirse por sí solo o comer por su propia mano son algunos hábitos que forman parte de la educación del niño en sus diferentes etapas.
Quienes definen el momento de reforzar estos hábitos son los padres; sin embargo, existen tareas que deben alcanzarse de acuerdo a la edad del menor y a los logros que debe cumplir de acuerdo a la etapa en la que se encuentre.
La psicóloga Mayra Navarro señala que los hábitos deben empezar a desarrollarse cuando se percibe que el menor es maduro neurológicamente para controlarlo.
"Hay que tomar en cuenta la maduración física del niño para emprender acciones que desarrollen la individualidad y comportamiento.
"No hay que privar ni sobregratificar los patrones de aprendizaje, sino ser creativos y llevar un sistema de objetivos y metas sin ser muy gratificantes ni severos, para generar buenas conductas en el niño".
Y es que en el momento en el que se empiezan a establecer hábitos, los padres pueden ser demasiado estrictos o premiar en exceso al menor cuando alcanza un logro, por lo que debe cuidarse ser lo más equilibrado posible.
En el tema del sueño, Navarro comenta que es fundamental inducir horarios apropiados, evitando estímulos y llevando a cabo rutinas que el infante ya conozca y acepte.
Pero para establecer cualquier hábito, la experta menciona que es fundamental leer, prepararse y definir si es el momento idóneo para tu hijo y su desarrollo.
"Hay que ver las necesidades individuales de cada menor, ser pacientes, no esperar resultados inmediatos, porque cuando se establece una conducta se requieren por lo menos 21 días o un mes para ver resultados en la instalación de ese hábito.
"Debes ser consistente, tener objetivos y metas claras, y modelar apropiadamente la conducta, porque eso hará que sea una lección integral que llegue al inconsciente del niño".
Sin duda, los hábitos resultan una buena herramienta para la crianza y educación del menor, pero deben ser desarrollados con amor, consistencia y precisión, mostrando que son funcionales para poder relacionarse de forma correcta con la vida diaria.
Comer en la mesa, mantener un buen aseo personal, llevar a cabo una relación social sana con los amiguitos hacen que el niño establezca un mejor vínculo con su entorno, y hay que explicárselo a su nivel para que vea los beneficios.
Los hábitos se desarrollan en casa, con un programa claro de trabajo y, sobre todo, dando un buen ejemplo de lo que se quiere transmitir, para que el pequeño adopte más fácilmente el comportamiento deseado.
¡A ser independientes! El psicoanalista Óscar Falcón indica que la primera etapa del desarrollo de hábitos es la que alcanza el niño desde el nacimiento hasta el año y medio de edad, en la que debe reforzarse la independencia con actividades como dormir solo.
"Es importante que el que duerma solo, si no lo logras desde un principio los vas a tener hasta los 6 ó 7 años en la cama de los padres".
Otro aspecto fundamental en esta etapa de independencia es que el menor pueda al final alimentarse por sí mismo, cumpliendo horarios establecidos para sus comidas.
Sin embargo, todo estos pasos que buscan la independencia del niño inician con una relación de cercanía con la madre, que es la figura que le aporta la seguridad para que él pueda sentirse tranquilo en su crecimiento.
"En los primeros años de vida, el menor no hace diferencia entre la mamá y él. Ella es una extensión de él mismo, un complemento muy importante de una figura que le brinda todos los aspectos necesarios, como son el cariño y el amor.
"Hay que cargarlo de mucho amor y cariño para que después esté muy fuerte y tenga todo lo bueno para alcanzar su individuación. Si no se le carga bien, no tendrá la seguridad para poderse separar de su progenitora".
En esta etapa, el psicoanalista recomienda que la madre esté presente para darle los recursos emocionales que puedan sostener al menor, pues si es abandonado, maltratado u olvidado va a repetir ese comportamiento contra él.
"Se vuelven agresivos, se lastiman y repiten la conducta de la mamá hacia ellos, por eso hay que enseñarles aspectos como manejar su tolerancia a la frustración, ayudándolo, por ejemplo, a esperar por su leche, pero cuidando de no caer en excesos.
"Las siguientes etapas resultan fáciles si en este primer momento se desarrolla en el bebé la seguridad e independencia necesarias para moverse a otro estadio de su desarrollo", indica Falcón.
Esta primera etapa que va desde el nacimiento hasta el año y medio de edad, también llamada etapa oral, debe cerrarse de forma correcta para permitir el paso al siguiente momento de desarrollo conocido como etapa anal.
"Por ello lo indicado es que el biberón se deje antes del año y medio, al igual que el chupón, para que cuando entre a la etapa anal coma más sólidos y tome sólo en vaso entrenador".
Etapa de límites La segunda etapa que va desde el año y medio hasta los 3 años es conocida como anal, y en ésta se refuerzan los límites como el orden, la limpieza y el control de esfínteres.
"Al año y medio el niño ya está caminando y el conducto anal tiene la fuerza para controlar esfínteres, pero sigue estando dentro de lo normal hasta los 3 años.
"El proceso toma de dos a tres meses, pero cuando no se logra es por la inconsistencia en las reglas que imparten los padres", agrega Falcón.
También en la llamada etapa anal el menor debe recibir formación en hábitos de limpieza, como recoger sus zapatos, sus juguetes, llevar la ropa sucia al bote o poner su pañal en la basura.
"Ellos quieren destruir todo y es importante que en esta etapa los padres puedan poner límites, en el sentido de no dejarlos sueltos y mostrarles que si ellos destruyen también tienen que construir o recoger si hacen desorden.
"Si tienes los legos, por ejemplo, puedes aventarlos, pero los debes volver a armar; si pintas con la mano, debes limpiar al terminar; es decir, lo que haces lo recoges y de esa manera eres permisivo, pero le enseñas a tener límites", indica Falcón.
En esta etapa el menor inicia el proceso de socialización con otros niños, lo que puede generar roces o problemas con esos menores, pero es importante fomentar este desarrollo y el hábito de la convivencia para que sepan que no son únicos en el universo.
"El niño en esa época es muy envidioso, pero lo puedes enseñar a compartir, a que juegue con otros niños, que se integren y tengan rutinas de juego con reglas y tiempos".
Ahora son niño y niña En la etapa de los 3 a los 6 años, los menores definen aspectos importantes de su desarrollo, como la sexualidad, y perciben que hay diferencia entre los niños y las niñas.
"La niña empieza a recibir más señales de vestirse como niña, de cuidar su forma de comportarse, de sentarse; así como el niño sabe que debe respetar a las niñas porque no son iguales de fuertes o rudos a ellos.
"En esta etapa se define la figura contraria del amor. Si el niño puede lograr vincularse con la madre y la niña con el padre, ahora se enamoran del papá y de la mamá, respectivamente", añade Falcón.
Definir los comportamientos y actitudes de niños y niñas es fundamental en esta etapa, con hábitos como el cuidado de su cuerpo, pues inicia la exploración de sus órganos genitales.
"Es importante que lo permitas, no lo hagas ver como algo negativo, pero sí debes poner límites, como que no lo haga en la calle", indica Falcón.
Los juegos de esta etapa giran en torno a los roles familiares, lo que permite que ellos identifiquen las funciones de cada miembro de la casa, incluyendo su papel como hijo o hija de esa familia.
Irse a la cama temprano, vestirse por sí solo o comer por su propia mano son algunos hábitos que forman parte de la educación del niño en sus diferentes etapas.
Quienes definen el momento de reforzar estos hábitos son los padres; sin embargo, existen tareas que deben alcanzarse de acuerdo a la edad del menor y a los logros que debe cumplir de acuerdo a la etapa en la que se encuentre.
La psicóloga Mayra Navarro señala que los hábitos deben empezar a desarrollarse cuando se percibe que el menor es maduro neurológicamente para controlarlo.
"Hay que tomar en cuenta la maduración física del niño para emprender acciones que desarrollen la individualidad y comportamiento.
"No hay que privar ni sobregratificar los patrones de aprendizaje, sino ser creativos y llevar un sistema de objetivos y metas sin ser muy gratificantes ni severos, para generar buenas conductas en el niño".
Y es que en el momento en el que se empiezan a establecer hábitos, los padres pueden ser demasiado estrictos o premiar en exceso al menor cuando alcanza un logro, por lo que debe cuidarse ser lo más equilibrado posible.
En el tema del sueño, Navarro comenta que es fundamental inducir horarios apropiados, evitando estímulos y llevando a cabo rutinas que el infante ya conozca y acepte.