Un grupo de investigadores diseñó un curso especial para adolescentes que sufren algún tipo de desorden de autismo (ASD), enfermedad que afecta con especial incidencia a la comunidad hispana.
El programa de 12 semanas, creado por especialistas de la Universidad de California Los Ángeles, lleva gradualmente a los adolescentes a establecer nexo con sus compañeros y crear canales de comunicación que permiten su socialización.
"Ya es bastante difícil ser un adolescente. Pero es todavía más difícil para los adolescentes con autismo, pues ellos típicamente carecen de la habilidad para utilizar los rasgos sociales de interacción que la mayoría de nosotros damos por hecho", explicó Elizabeth Laugeson, profesora de psiquiatría de UCLA.
El autismo es la enfermedad de más rápido desarrollo entre la población infantil de EEUU en los últimos cinco años, motivo por el cual algunos expertos la califican de epidemia.
De acuerdo con los Centros de Control y Prevención de Enfermedades (CDC), uno de cada 150 niños en el país sufre de algún tipo autismo, y los latinos son el segundo grupo más afectado, con el agravante de que muchos de los casos se detectan tardíamente o no han sido diagnosticados.
"No sólo es grave el aumento de los casos de autismo entre la comunidad hispana, sino la falta de educación y recursos para detectarlo tempranamente", aseguró Niza Rodríguez, psicóloga especialista en desarrollo familiar.
Entre la comunidad latina se agrega la falta de cobertura médica que dificulta algunos de los tratamientos, así como las barreras del lenguaje, según la Asociación Nacional de Autismo.
Los resultados presentado por Laugeson demuestran que 33 adolescentes con ASD —28 hombres y cinco mujeres— que atendieron el Programa para la Educación y Enriquecimiento de Habilidades de Relación (PEERS) adquirieron gradualmente una serie de destrezas básicas para facilitar su interacción social.
Ciertos comportamientos como lenguaje corporal, gestos faciales, movimientos de las manos o las inflexiones de la voz, no son fácilmente manejados por los adolescentes con autismo, lo que los expone al rechazo y maltrato por parte de sus compañeros.
"¿Cómo podría usted compartir adecuadamente con otro? ¿Cómo se acerca a un grupo de adolescentes y se une a la conversación?", cuestionó la psiquiatra. "Sin estas habilidades sociales básicas es muy difícil para los adolescentes hacer y mantener amigos".
Durante 12 sesiones de 90 minutos cada una, realizadas una vez a la semana, los adolescentes en grupos de siete a 10 jóvenes, se reunieron para aprender las reglas de etiqueta social entre ellos.
Entre los temas tratados están cómo unirse confortablemente a un grupo y cómo retirarse en un momento dado, cómo escoger el grupo adecuado, o cómo lidiar con burlas, abuso físico o discusiones.
Cada clase incluyó una corta instrucción didáctica, ejercicios de dramatización, las actuaciones sociales correctas, prácticas de comportamiento de las nuevas destrezas adquiridas y seguimiento de los resultados obtenidos.
Los padres de familia también debieron atender sesiones separadas donde recibieron instrucción y guías para apoyar el desarrollo de sus hijos, señaló la investigadora, quien explicó que igualmente los apoyaron en tareas, como por ejemplo, invitar un amigo a la casa.
"Este método de instrucción es muy atractivo para adolescentes con autismo porque ellos tienden a pensar concretamente y a aprender frecuentemente por memorización", anotó Laugeson. "Así, si alguien, por ejemplo, se burla de ellos, les enseñamos a tener una rápida respuesta como decir ‘Sí, ¿y qué?’ o ‘¡Que importa!’".
Los resultados del curso, comparados con un grupo de control, demostraron que los adolescentes con autismo pueden aprender comportamientos sociales que mejoran la relación con sus compañeros, facilitándoles el tener amistades.
El curso de UCLA se seguirá dictando y las inscripciones están abiertas.
Para más información visitar el sitio www.semel.ucla.edu/socialskills o llamar al programa de UCLA Parenting and Children’s Friendship al (310) 825-0142.