Ellas necesitan superar el estrés provocado por sus múltiples responsabilidades.
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En las sociedades primitivas eran los varones quienes realizaban las tareas más toscas y peligrosas, mientras que las mujeres cocinaban y criaban a los hijos. Más adelante el rol de la mujer quedó recluido a un nivel menor e incluso, en los códigos civiles de derecho romano, se le consideraba como un ser inferior y sirvienta del hombre. En la década de los años sesenta, con el movimiento de Liberación Femenina, el papel de la mujer empezó a cambiar y a volverse más activo.

Para muchas, esta "revolución femenina" duplicó sus responsabilidades, ya que además de salir a trabajar, la mujer aún conserva el principal papel de atender las tareas domésticas y ser la mayor responsable de sus hijos.

El exceso de responsabilidades familiares, laborales y personales a menudo conducen a la mujer a un gran agotamiento.

Una investigación realizada por la Universidad de Berkeley encontró que las mujeres trabajan un promedio de 15 horas a la semana más que los hombres. Asimismo, un estudio de la Universidad Estatal de Michigan determinó que aquellas que trabajan, duermen un promedio de 25 a 30 minutos menos que los varones. En consecuencia, son más propensas a padecer estrés, un estado de gran tensión nerviosa originado por exceso de trabajo y responsabilidades.

Si a la labor diaria en el hogar se le suma las prsiones en el lugar de trabajo, la situación se complica. Por ejemplo, en una encuesta de Gallup, un 40% de mujeres entrevistadas dijo que en su empleo sienten estrés varios días a la semana, debido a acoso físico o verbal de parte de compañeros, clientes o supervisores. Además, suelen ganar menos que los hombres por realizar la misma labor y esto también causa tensión.