Mientras miraba el noticiero con mi abuela, apareció un informe que la irritó. La reportera anunció que las mujeres solteras, incluyendo divorciadas, viudas y madres solteras, no están a la par con el resto de la población femenina a la hora de ejercer el voto. Mi abuelita exclamó molesta: "¿Cómo es posible que no salgan a votar?" y añadió: "Deberían acordarse del sacrificio sobrehumano que otras hicieron para obtener este derecho".
Mi abuela, quien es divorciada y nació cuando era imposible para nosotras votar, se refirió al grupo de damas que hizo una demostración frente a la Casa Blanca en 1917 para abogar el derecho al voto de la mujer. Treinta y tres de ellas fueron arrestadas y acusadas por "obstruir la acera". En la cárcel fueron golpeadas y torturadas.
Una de ellas, Alicia Paul, se puso en huelga de hambre y cuando interrogaron por qué no quería comer, expresó: "Uno muere de hambre en protesta, hasta que se logre el objetivo y se haga justicia".
Atada a una silla la forzaban a comer por un tubo introducido en la tráquea que llenaban de comida licuada e infectada de gusanos. Esto no la detuvo para continuar luchando. Finalmente en 1920 se aprobó el voto para la mujer y gracias a este triunfo, este año hemos tenido el honor de ver a una dama aspirando a la presidencia y otra, a la vicepresidencia de Estados Unidos.
Lamentablemente hay muchas que no irán a las urnas este próximo 4 de noviembre. Algunas de las excusas ridículas serán: "No tengo niñera", "no tengo tiempo para estar parada en una línea larga", "todos los candidatos son malos", "no sé mucho de política y temo votar por la persona incorrecta", "¿qué diferencia hago yo con un solo voto?".
Honremos a las heroínas que abogaron por nosotras. Quiero exhortar a toda mujer a que ejerza su voto; no es una opción, es un deber. Tu voto es tu voz. Aprovecha tu derecho a escoger, objetar y criticar a tus líderes. Como dice Daddy Yankee: "¡Si no votas, quédate ‘callao’"!
Mientras miraba el noticiero con mi abuela, apareció un informe que la irritó. La reportera anunció que las mujeres solteras, incluyendo divorciadas, viudas y madres solteras, no están a la par con el resto de la población femenina a la hora de ejercer el voto. Mi abuelita exclamó molesta: "¿Cómo es posible que no salgan a votar?" y añadió: "Deberían acordarse del sacrificio sobrehumano que otras hicieron para obtener este derecho".
Mi abuela, quien es divorciada y nació cuando era imposible para nosotras votar, se refirió al grupo de damas que hizo una demostración frente a la Casa Blanca en 1917 para abogar el derecho al voto de la mujer. Treinta y tres de ellas fueron arrestadas y acusadas por "obstruir la acera". En la cárcel fueron golpeadas y torturadas.
Una de ellas, Alicia Paul, se puso en huelga de hambre y cuando interrogaron por qué no quería comer, expresó: "Uno muere de hambre en protesta, hasta que se logre el objetivo y se haga justicia".
Atada a una silla la forzaban a comer por un tubo introducido en la tráquea que llenaban de comida licuada e infectada de gusanos. Esto no la detuvo para continuar luchando. Finalmente en 1920 se aprobó el voto para la mujer y gracias a este triunfo, este año hemos tenido el honor de ver a una dama aspirando a la presidencia y otra, a la vicepresidencia de Estados Unidos.
Lamentablemente hay muchas que no irán a las urnas este próximo 4 de noviembre. Algunas de las excusas ridículas serán: "No tengo niñera", "no tengo tiempo para estar parada en una línea larga", "todos los candidatos son malos", "no sé mucho de política y temo votar por la persona incorrecta", "¿qué diferencia hago yo con un solo voto?".