EFE/REPORTAJES — No hay crisis capaz de acabar con el placer de saborear un buen vino y una buena comida. Esa es, al menos, la conclusión de la III edición del Masters of Food and Wine, una auténtica fiesta para los sentidos que ha reunido en la ciudad argentina de Mendoza a las principales bodegas del país y a algunos de los mejores chefs del mundo.
Las más importantes bodegas argentinas y media docena de los chefs más reconocidos internacionalmente, arropados por más de 20 cocineros y sommeliers de alto nivel, han respondido por tercer año consecutivo a la convocatoria de la cadena Park Hyatt en Mendoza para demostrar que, aún en tiempos de crisis, es posible darse un gusto y conjurar los malos augurios.
Cocineros, bodegueros y amantes de la buena vida procedentes de doce países participaron en la mayor cita gastronómica de Suramérica que comenzó en los jardines del Palacio Duhau-Park Hyatt de Buenos Aires y terminó en las bodegas de Mendoza.
Quién podría resistirse a un vino de calidad acompañado de los platos elaborados por el francés Philippe Labbé —dos estrellas Michelín—, el irlandés Kevin Thornton, la cocina mediterránea de la catalana Montserrat Estruch, las propuestas bajas en calorías de Jean-François Rouquette o al trabajo de Nicolas Sale, todos ellos distinguidos con una estrella Michelín.
Los organizadores no lo tuvieron fácil. Reunir a los mejores del vino y de la cocina en medio de una coyuntura internacional tan compleja suponía un riesgo que, explican, asumieron sin dudar.
“El objetivo es convertirse en el mejor evento gastronómico, con los mejores chefs y los mejores vinos”, apunta Antonio Alvarez, director del Park Hyatt de Mendoza, y “aunque hubo cierto recelo por la crisis nunca se pensó en suspender y la cooperación de la bodegas fue absoluta”.
Para Christoff Lorvo, gerente del Park Hyatt de Buenos Aires, este tipo de encuentros “ayuda a la gente a pensar en otras cosas”.
“No podemos parar porque se caiga la Bolsa, hay que seguir haciendo cosas positivas, diferentes”, asegura Lorvo, convencido de que, en época de crisis, la gente busca precisamente actividades que le hagan olvidar las dificultades.
Una opinión que comparten la mayoría de los productores de Mendoza —cuna del vino argentino— que encuentran en la crisis un reto y una oportunidad de futuro.
Trabajo y nuevos mercados
Las cifras hablan por sí solas. Cerca de un millón de personas visitaron el pasado años las bodegas de Argentina, quinto productor y décimo exportador vitivinícola del mundo, atraídas por la creciente fama de sus vinos.
El grueso de las 600 bodegas argentinas se encuentra en Mendoza y más de 150 se han abierto al turismo, principalmente extranjero, como es el caso de Bodegas Zuccardi, Norton, Catena Zapata, o las españolas Codorniu (Bodegas Séptima) y O.Fournier, un negocio familiar manejado por los hermanos Ortega.
Pero, en mayor o menor medida, la crisis empieza a amenazar la expansión de las bodegas argentinas. La mayoría se resiente de una caída en el número de visitantes durante los últimos meses del pasado año y prepara estrategias que les permitan no perder el terreno ganado en los últimos años.
José Zuccardi, propietario de Bodegas Zuccardi, un gigante del vino argentino, es consciente de que las crisis obligan a los consumidores a buscar productos distintos y a examinar la relación calidad-precio.
“Argentina es una buena opción porque en distintos niveles de calidad, la relación calidad-precio es mejor que en otros países”, afirma, aunque admite que el grupo está ya barajando alternativas para la búsqueda de nuevos mercados, especialmente en Suramérica y Asia.
Mientras, Zuccardi, que el pasado año recibió cerca de 50,000 visitantes, mantiene su oferta turística, que incluye visitas a los viñedos, programas para participar en la vendimia y hasta un romántico paseo en globo.
“Los vinos mendocinos ya tienen una buena relación calidad-precio y para nosotros es una oportunidad en mercados como el de Estados Unidos o Europa”, señala el catalán Jordi Tomás i Magaña, gerente de Codorniu en Argentina.
La oportunidad para los vinos argentinos, añade, es la línea Malbec y es ahí donde, a su juicio, los productores deben hacer su mayor esfuerzo.
“Es la marca emblema y hay que pelear por darle denominación de origen”, insiste Magaña, para quien la opción, a medio plazo, es mantener la pelea por la expansión del Malbec y aumentar el comercio Sur-Sur con la región.
Lo mismo opina el español José Manuel Ortega, propietario de Bodegas O.Fournier —con viñedos en Argentina, España y Chile—, convencido de que la crisis puede constituir una oportunidad para los vinos argentinos.
“Las empresas que puedan dar calidad a precios competitivos van a ser ganadoras, las que no se ajusten no resistirán. Mendoza ofrece mucha calidad a precios razonables, que es lo que la gente busca: gastar menos pero con las mismas sensaciones”, apunta Fournier, que apostó desde el principio por abrir su vanguardista bodega al turismo.
Imaginación en la mesa
También los chefs sienten el golpe de la crisis y sostienen que la clave para sobrevivir a la tormenta económica pasa por resolver la ecuación calidad-precio, y para lograrlo, coinciden, nada mejor que volver a los orígenes.
La española Montserrat Estruch, propietaria del restaurante “El Cingle”, en la localidad barcelonesa de Vacarisses, ganó su estrella Michelín por su excelente cocina mediterránea, elaborada a base de productos naturales.
Montserrat está dispuesta a encarar el temporal y a “echarle imaginación” para mantenerse en tiempos de crisis.
“Hay que buscar alternativas. Volver a las raíces nos vendría muy bien, se habían perdido un poco los pies del suelo”, reconoce.
A su juicio, la coyuntura actual ofrece “una oportunidad para plantarnos y preguntarnos dónde estamos y hacia donde vamos”.
La opinión de Montserrat es compartida por su colega peruano Coque Ossio, quien cree que la cocina de autor está algo sobrevalorada y debe acomodarse a la nueva situación.
“La cocina de autor no necesariamente debe ser cara, debería reflejar la realidad y tender a hacer lo mejor que se pueda con productos frescos”, explica.
Su secreto para mantenerse entre los mejores cocineros de América Latina es el retorno a los productos básicos y una apuesta clara por la creatividad.
“No necesitamos tanto cocina de vanguardia. La mayoría de la gente quiere comer rico y a buen precio. Reconocer un sabor que te retrotrae a tu infancia, eso es lo que hay que darle al público”, asegura.
En el Almacén del Sur, un elitista restaurante de las afueras de Mendoza, saben mucho de productos naturales. Sirven en sus mesas las cosechas de su huerta orgánica y elaboran “delicatessen” cultivadas de forma totalmente natural.
El grupo empezó a sentir el golpe de la crisis a finales del pasado año, reconoce su gerente turístico, Santiago Orozco, y se ha visto obligado a cambiar sus expectativas.
“Se ha hecho otra apuesta”, explica. Ante la bajada del turismo internacional, la empresa se acerca a la demanda local, diversifica su oferta y abarata precios. Eso sí, “sin bajar calidad”, aclara.
Todos parecen coincidir en que la buena mesa no necesariamente debe ser tan cara. Habrá que esperar, entonces, a que bajen los precios para seguir disfrutando del placeres de comer y beber.
EFE/REPORTAJES — No hay crisis capaz de acabar con el placer de saborear un buen vino y una buena comida. Esa es, al menos, la conclusión de la III edición del Masters of Food and Wine, una auténtica fiesta para los sentidos que ha reunido en la ciudad argentina de Mendoza a las principales bodegas del país y a algunos de los mejores chefs del mundo.
Las más importantes bodegas argentinas y media docena de los chefs más reconocidos internacionalmente, arropados por más de 20 cocineros y sommeliers de alto nivel, han respondido por tercer año consecutivo a la convocatoria de la cadena Park Hyatt en Mendoza para demostrar que, aún en tiempos de crisis, es posible darse un gusto y conjurar los malos augurios.
Cocineros, bodegueros y amantes de la buena vida procedentes de doce países participaron en la mayor cita gastronómica de Suramérica que comenzó en los jardines del Palacio Duhau-Park Hyatt de Buenos Aires y terminó en las bodegas de Mendoza.
Quién podría resistirse a un vino de calidad acompañado de los platos elaborados por el francés Philippe Labbé —dos estrellas Michelín—, el irlandés Kevin Thornton, la cocina mediterránea de la catalana Montserrat Estruch, las propuestas bajas en calorías de Jean-François Rouquette o al trabajo de Nicolas Sale, todos ellos distinguidos con una estrella Michelín.
Los organizadores no lo tuvieron fácil. Reunir a los mejores del vino y de la cocina en medio de una coyuntura internacional tan compleja suponía un riesgo que, explican, asumieron sin dudar.
“El objetivo es convertirse en el mejor evento gastronómico, con los mejores chefs y los mejores vinos”, apunta Antonio Alvarez, director del Park Hyatt de Mendoza, y “aunque hubo cierto recelo por la crisis nunca se pensó en suspender y la cooperación de la bodegas fue absoluta”.