El vino que se toma con moderación es beneficioso para la salud. Así lo afirman muchos estudios médicos efectuados en países donde sus habitantes tienen la tradición cultural de ingerir vino con los alimentos.
"Todas las culturas europeas que incluyen vino en su dieta diaria dan testimonio de cómo los componentes del vino son saludables", explica Steve Riboli, co-propietario de San Antonio Winery, la única vinicultora dentro de los límites de la ciudad de Los Ángeles.
Igualmente los hacen los descendientes de los europeos que inmigraron a México y algunos países de Sudamérica y Centroamérica donde quedó asentada la tradición cultural de consumir vino con las comidas.
De acuerdo con Riboli, los beneficios del vino —particularmente del tinto— se manifestaron en el tiempo milenario.
"El vino ha estado vinculado en la vida de los habitantes de los países latinos y europeos desde hace siglos atrás", comenta. "Su presencia se dio como una alternativa al agua que comúnmente se contaminaba y enfermaba a la gente. Contrariamente, el jugo de la uva roja se extraía fácilmente y fermentaba sin problemas en vasijas".
Desde allí, sostiene el entrevistado, comenzó el consumo del vino como una bebida segura, libre de contaminantes.
Luego, en los últimos dos siglos, el vino tinto comenzó a integrarse a la dieta y sus beneficios se dieron a notar.
Según Riboli, sus consumidores notaron que al consumir una copa de vino tinto por día se obtiene un control natural del espesor de la sangre, al igual que un incremento del flujo sanguíneo y del conteo de los glóbulos rojos.
También notaron que sus componentes ácidos ayudan en la digestión de alimentos grasos y ricos en proteínas.
"El ácido tánico del vino tinto rompe con facilidad las moléculas grasas de los alimentos y las carnes, por eso su popular consumo con las carnes rojas", dice Riboli. "Por eso mismo es que el vino blanco —que comenzó a consumirse hace 100 años— sirve para acompañar el pescado, los mariscos".
El vino tinto es considerado también como una de las mejores pastillas para consolidar el sueño. Esta propiedad, comenta el vinicultor, es bien conocida por quienes siguen los remedios caseros y la medicina holística.
"En nuestro negocio estamos viendo más personas de edad avanzada que cada día vienen a comprar, por recomendación de sus doctores, vino tinto dulce para tomarse una copita de tres o cuatro onzas antes de ir a la cama", cuenta.
Este remedio natural para llamar el sueño está tomando popularidad ante el movimiento generalizado que se está dando de volver a la medicina natural.
También se ha comprobado que las sustancias polifenoles que contiene el vino tinto ayudan a prevenir el mal colesterol, combatir algunas infecciones del tracto urinario, contrarrestar las venas varices y la presencia de las hemorroides, así como la tensión cardioarterial.
Últimamente se descubrió que el vino tinto es uno de los mejores antioxidantes, asegura Riboli. El pellejo (o cáscara) de la uva roja posee un alto contenido de ácidos que mantienen la elasticidad de la piel.
Además, se ha comprobado que tienen un alto índice de zinc y hierro que ayuda a combatir la anemia que resulta de la insuficiencia de hierro.
Estos beneficios rectifican el dicho que versa: una o dos copas de vino tinto al día no hacen daño.
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Vino local
La historia de la vinicultora angelina San Antonio Winery empezó en 1917, cuando Santo Cambianica inmigró de la provincia italiana de Lombardía al sector noreste de Los Ángeles —donde se había asentado la comunidad italiana de esta ciudad— para fundar la empresa en la calle Lamar.
Según cuenta la historia, Cambianica bautizó su bodega con ese nombre con la esperanza de que su santo patrón le diera suerte y prosperidad. Y así fue. En 1920, cuando la mayoría de las bodegas cerraron por la ley de prohibición que sacudió a la industria, San Antonio Winery se mantuvo en pie elaborando vinos sacramentales para la iglesia.
Hoy, a 92 años de su fundación, la bodega sigue operando como un negocio familiar a manos de la cuarta generación de descendientes de Cambianica.
Para su haber, San Antonio Winery no cuenta con competencia. Es la única bodega vinicultora de Los Ángeles y se ha transformado en un centro histórico cultural de la ciudad.
Además de la producción y venta de vinos, la bodega cuenta con un restaurante de comida de alta calidad a precios módicos y con un almacén de vasos, copas, elementos decorativos y utensilios para servir las galletas, panes, frutas y quesos que acompañan el paladar de quienes gustan del vino.
El vino que se toma con moderación es beneficioso para la salud. Así lo afirman muchos estudios médicos efectuados en países donde sus habitantes tienen la tradición cultural de ingerir vino con los alimentos.
"Todas las culturas europeas que incluyen vino en su dieta diaria dan testimonio de cómo los componentes del vino son saludables", explica Steve Riboli, co-propietario de San Antonio Winery, la única vinicultora dentro de los límites de la ciudad de Los Ángeles.
Igualmente los hacen los descendientes de los europeos que inmigraron a México y algunos países de Sudamérica y Centroamérica donde quedó asentada la tradición cultural de consumir vino con las comidas.
De acuerdo con Riboli, los beneficios del vino —particularmente del tinto— se manifestaron en el tiempo milenario.
"El vino ha estado vinculado en la vida de los habitantes de los países latinos y europeos desde hace siglos atrás", comenta. "Su presencia se dio como una alternativa al agua que comúnmente se contaminaba y enfermaba a la gente. Contrariamente, el jugo de la uva roja se extraía fácilmente y fermentaba sin problemas en vasijas".
Desde allí, sostiene el entrevistado, comenzó el consumo del vino como una bebida segura, libre de contaminantes.
Luego, en los últimos dos siglos, el vino tinto comenzó a integrarse a la dieta y sus beneficios se dieron a notar.
Según Riboli, sus consumidores notaron que al consumir una copa de vino tinto por día se obtiene un control natural del espesor de la sangre, al igual que un incremento del flujo sanguíneo y del conteo de los glóbulos rojos.
También notaron que sus componentes ácidos ayudan en la digestión de alimentos grasos y ricos en proteínas.