Nueva York/EFE — Un nuevo medicamento, que ayudará a controlar convulsiones en los pacientes de epilepsia, es el resultado de un laborioso estudio de tres décadas al frente del cual está una investigadora latina.
Se calcula que unos 50 millones de personas en el mundo y tres millones en EE.UU. sufren de epilepsia, un trastorno neurológico común que puede perdurar toda la vida, caracterizado por convulsiones generalizadas o parciales. Los síntomas de la enfermedad, provocada por descargas eléctricas anormales y excesivas de las neuronas del cerebro, se presentan usualmente en los primeros diez años de vida o después de los 65 años, comentó la neuróloga puertorriqueña Blanca Vázquez, directora de ensayos clínicos del Centro Médico de la Universidad de Nueva York.
Vázquez, que estudió medicina en Puerto Rico e hizo la práctica en Nueva Jersey, fue una de las principales investigadoras del estudio que comenzó en 1980 y que resultó en el medicamento Vimpat, en el mercado desde el pasado mayo, y para el cual se necesita prescripción médica.
La médico explicó que cuando hay alguna alteración en el cerebro, aparecen las convulsiones. “La electricidad del cerebro está muy organizada. Las capas del cerebro tienen que estar muy bien alineadas para que haya ritmo normal, cualquier cosa, como una infección de meningitis, encefalitis, un golpe, que cause que esas capas no estén alineadas, puede causar un trastorno eléctrico, que entonces se convierte en convulsiones”. Agregó que aunque la enfermedad afecta a personas de cualquier edad y grupo étnico, en pacientes como los hispanos, con más incidencias de alta presión, diabetes, derrame cerebral “se ve un gran aumento después de los 65 años”.
“Las personas que tienen diabetes y alta presión tienen la más alta incidencia de sufrir un derrame cerebral, que es una falta de circulación al cerebro y si hay un sangrado, entonces los pacientes pueden sufrir de epilepsia por el daño que ocasionó el derrame”.
También se ve una incidencia de convulsiones y epilepsia en quienes tienen actividades de alto riesgo como los militares. Grupos étnicos que tienen enfermedades genéticas del metabolismo pueden tener convulsiones más temprano, pero no hay ninguna disposición porque sea blanco, o afroamericano o latino, comentó.
“El cuidado prenatal tiene mucho que ver con la baja o alta incidencia porque si las madres no se cuidaron, sus bebés tienen más riesgo de tener problemas congénitos”, dijo y recordó que la epilepsia no es hereditaria, aunque un pequeño porcentaje es determinado genéticamente.
También señaló que hay dos clases de convulsiones, entre ellas la generalizada, que es la que más el público reconoce, en las que la persona se cae, puede tener espasmos musculares, perder el conocimiento y presentar secreciones por la saliva. En las parciales no siempre el paciente cae, sino simplemente se desconecta, o se desorienta, o puede tener un comportamiento complejo de repetir movimientos de manos, de los labios o mirar como si estuviera desorientado.
Igualmente, advirtió que es importante que los pacientes tomen sus medicamentos preventivos “que controlan el ritmo normal de la electricidad del cerebro” y puedan tener una vida normal. “Esta es la parte más importante del mensaje a nuestra comunidad- la medicina para la epilepsia debe tener una adherencia terapéutica bien estricta porque cuando se olvidan de tomar el medicamento y convulsionan, ya no se les puede ayudar”, indicó la experta que ha publicado un sinnúmero de artículos sobre la enfermedad.
“Hoy en día estamos muy contentos porque ha habido mucho desarrollo con medicamentos que son más fáciles de tolerar. En estas últimas décadas hemos estado desarrollando medicinas que son más fáciles de tolerar porque tienen menos efectos secundarios”, destacó
No obstante, lamentó que un tercio de los pacientes todavía no responda a las medicinas, “o sea siguen convulsionando y por eso hay que desarrollar nuevos fármacos, cirugías y otros tipos de intervenciones para controlarlas”.