Mary Quinn (der.) fue despedida en diciembre, y mientras busca trabajo disfruta pasar el tiempo con sus hijas Paulina (centro) e Isabelle. AP]  
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NUEVA YORK.— Poco después de que Geralyn Lucas, de Nueva York, perdiera su empleo en la televisión en enero, llevó a su hijo de 2 años a la sala de juegos del edificio de apartamentos en el que viven. Nunca había estado allí.

En unos pocos minutos, y sin darse cuenta, rompió todas las reglas para mantener limpio el lugar. "Entré con zapatos", confiesa Lucas, 41, "Llevé comida. Le cambié el pañal. No sabía que esas cosas no estaban permitidas".

Cuando llevó a Hayden al patio de un centro infantil, tuvo que pedir al pequeño que le indicara cómo llegar a su salón. En el consultorio del pediatra, las enfermeras estaban tan acostumbradas a ver a la niñera que no reconocieron a Lucas.

Lucas y otras mujeres que perdieron su empleo están experimentando de manera involuntaria la vida de una mamá que se queda en casa y están conociendo muchos detalles de la vida cotidiana de sus hijos. También están descubriendo algunas de las cosas que se han perdido.

Aunque los despidos masivos provocados por la recesión han afectado principalmente a los hombres, más de 800,000 mujeres perdieron sus empleos desde fines de 2007. Para las que son madres, eso significa que de repente mamá está en casa, con frecuencia por primera vez en muchos años.

Para muchas de esas mujeres, sin dudas el desempleo ha sido aterrador. Pero para algunas, en especial para las que tienen los recursos económicos para capear el temporal, ha sido una excelente oportunidad de conocer mejor a sus hijos.

Mary Quinn, una madre de 48 años de Greenwich, Conn., fue despedida en diciembre después de 18 años de trabajo en una empresa de inversiones de Manhattan. La compensación por despido que recibió le permite tener algo de tiempo para encontrar un nuevo empleo. Después de años en los que su esposo era quien se ocupaba de sus hijas, Quinn está descubriendo que el tiempo libre con ellas es una bendición inesperada.