Madrid/EFE — El contacto del lactante con el pecho de su madre desencadena reacciones en el cerebro de la mujer, las cuales llevan a la secreción de oxitocina, la hormona de “la confianza”. También este acto produce otra hormona, llama- da prolactina, que genera en la madre una sensación de bienestar y tranquilidad.
Sin embargo, para que se materializara completamente este proceso debía producirse una pulsación intensa con el fin de que la oxitocina se propagara en el cerebro. Los estudios no habían establecido cómo se registraba ese fenómeno, según Jian Feng, del Centro de Computación Científica y Ciencias de la Computación en Warwick (Reino Unido).
“Durante 30 años hemos sabido de estas pulsaciones porque, durante el momento de la lactancia, las neuronas de la oxitocina hacen que se disparen de forma sincronizada. Pero hasta ahora no conocíamos el mecanismo”, recuerda el jefe de un equipo de investigadores que ha publicado sus conclusiones en “Computational Biology”, una sección de la revista “Public Library of Sciences”.
Según los científicos, la respuesta está en que, como reacción a la succión del bebé, las células comienzan a liberar las hormonas a partir de las dendritas (pequeñas prolongaciones de las células nerviosas).
Hasta ahora se creía que las dendritas eran parte de la neurona que recibe y no la que transmite información. Sin embargo, el informe indica que la investigación determinó que las dendritas intensifican la comunicación neuronal y coordinan la emisión intensa de oxitocina y prolactina.
Desvelado el misterio, se ha comprobado que el fenómeno es similar al de los insectos o los pájaros, que realizan una maniobra colectiva y coordinada sin que haya un solo líder que la dirija. Este ha- llazgo incide por otro lado en el proble- ma de los lactantes que no se alimentan por vía materna, lo cual supondría teóricamente que estos bebés están excluidos de la participación en ese misterio porque la oxitocina no aparecería en esa vinculación física tan intensa. La Asociación Mundial de Medicina Perinatal indica que darle el pecho al bebé supone importantes beneficios para su salud ya que la leche de la madre contiene la combinación justa de grasas, proteínas, hidratos de carbono, vitaminas y minerales, además de los anticuerpos que estimulan el sistema inmunitario del bebé en una fase de su vida en que puede ser especialmente vulnerable a las enfermedades. Asimismo se ha demostrado que reduce los gases y el estreñimiento.
Aunque solo sean unas semanas de amamantamiento, el alimento natural del pecho de la madre proporciona al niño unas bases de lo más saludable.
La realidad demuestra sin embargo que hay generaciones enteras de personas alimentadas cuando eran bebés con biberón que se han convertido en unos adultos perfectamente sanos.
Hay diversas razones por las cuales algunas madres no pueden dar el pecho a sus hijos, como una adopción, una enfermedad o la acción de determinados medicamentos. Aunque en menor medida, también se dan casos de disfuncionalidad en mujeres que tienen los pezones hacia dentro o demasiado pequeños.
En estos últimos casos, la Asociación Española de Pediatría (AEP) recomienda a la madre sacarse la leche y dársela al bebé en el biberón, lo cual supone una ventaja ya que el niño se acostumbra antes a esta forma de recibir el alimento.
Por otro lado, los avances en los procesos de elaboración de las leches maternizadas, salvo en lo que se refiere a anticuerpos, han determinado la aparición de productos cada vez más perfeccionados.
Recientes investigaciones en medicina perinatal aconsejan añadir a la leche maternizada los ácidos grasos esenciales DHA —un omega 3— y AA —un omega 6— para garantizar un correcto desarrollo cerebral y ocular en lactantes alimentados con estos preparados, según la Universidad de Granada (sur de España).
Estas recomendaciones sobre la ingesta de DHA y AA durante la lactancia han sido desarrolladas por un grupo de expertos en salud infantil de once países con el respaldo de organizaciones de ámbito internacional.
En las recomendaciones, el equipo de expertos hace hincapié en que la lactancia materna es el método preferido de alimentación, ya que la leche materna contiene de por sí DHA y AA.
Sin embargo, cuando la madre no puede amamantar, la leche maternizada debería incluir DHA a los niveles recomendados de entre el 0.2 y el 0.5 por ciento de ácidos grasos, y la cantidad de AA debería ser igual al nivel de DHA.
Los expertos también señalan que la adición de al menos 0.2 por ciento de DHA más AA es necesaria para conseguir los beneficios deseados para el proceso del desarrollo.
No obstante, las madres que, por diversas razones, no pueden dar leche materna a sus bebés tienen la posibilidad de conseguirla en los bancos existentes en algunos hospitales.
En estos centros, como el Hospital La Fe de Valencia (este), se recoge, almacena y dispensa leche de madres de ni- ños ingresados, así como de madres do- nantes. El proceso contempla también la vigilancia higiénica, congelación, pasteurización y almacenamiento del vital producto a 20 grados bajo cero.