Bailarinas en zancos participan de la ceremonia de inauguracion de la Copa America, el 11 de julio de 2001, en el estadio Roberto Melendez de la ciudad de Barranquilla, Colombia. (ARCHIVO/AFP PHOTO/Martin Bernetti)
BARRANQUILLA, Colombia.— El coqueteo del hombre a la mujer y la respuesta de ella al mover sus caderas y, al mismo tiempo, desplegar la pollera marcando un imaginario muro para evitar ser tentada, traduce cumbia. Y cumbia es, en Barranquilla, sinónimo de carnaval. Esa contagiosa fiesta, que va de enero a febrero o hasta mediados de marzo, finalizando 40 días antes de Semana Santa, es una marca que identifica a “La Arenosa” ante el mundo.
Pero Barranquilla no sólo es carnaval, aunque el espíritu alegre de sus habitantes da la impresión de lo contrario. La cuna de Shakira, Édgar Rentería y Junior es mucho más que el derroche gozón de Momo.
Por ejemplo, si el visitante desea saber la razón de por qué es llamada “La Puerta de Oro de Colombia”, sólo debe ir al Museo Romántico, ubicado en una casona fresca del barrio El Prado.
Allí encontrará cómo nacieron, entre otros, la aviación, el correo aéreo, la navegación a vapor por el río Magdalena, el teléfono y el futbol colombiano, o podrá observar la máquina de escribir que utilizó Gabriel García Márquez en sus días de periodista en la ciudad hace más de medio siglo, caminar por El Prado, admirando sus mansiones, reliquias de la primera urbanización que se levantó en el país, y terminar en el hotel El Prado, una leyenda de 80 años, también pionero turístico en Colombia.
Arriba de El Prado hay un sector exclusivo de diseño y moda, las casas matrices de las reconocidas Silvia Tcherassi, Francesca Miranda, Amalín de Hazbún y Beatriz Camacho, entre otras, como también una zona de restaurantes de cocina nacional e internacional donde predomina la comida árabe.
En el barrio Las Flores, en casetas artesanales, se puede degustar pescados y mariscos con la brisa golpeando las mejillas y un marco impresionante del río Magdalena, a pocos kilómetros de su desembocadura.
Bajando de Las Flores, río arriba, por la Vía 40, la misma que sirve de escenario a los desfiles del carnaval, se llega a La Aduana, un monumento rescatado que alberga cultura e historia y sirve como sede de la Biblioteca Piloto del Caribe.
A pocos metros se levanta el Parque Cultural del Caribe que, aún sin terminar —su inauguración está prevista para septiembre—, se erige como el máximo museo cultural de la región en que se “pintará” de cuerpo entero al hombre Caribe.
Una visita obligada es La Cueva, el restaurante-bar de García Márquez y sus amigos del Grupo Barranquilla (el más importante de artistas en la historia del país) donde, además de degustar un plato exquisito o de beber un trago de ron, podrá admirar parte del realismo mágico de “Macondo urbanizado”.
Barranquilla, con su cálida temperatura y gente amable, contiene hitos históricos, cultura, moda, diseño, cocina, centros comerciales y música que se puede visitar en cualquier época del año. Sin importar que no se oigan todavía los tambores de carnaval...
Pero Barranquilla no sólo es carnaval, aunque el espíritu alegre de sus habitantes da la impresión de lo contrario. La cuna de Shakira, Édgar Rentería y Junior es mucho más que el derroche gozón de Momo.
Por ejemplo, si el visitante desea saber la razón de por qué es llamada “La Puerta de Oro de Colombia”, sólo debe ir al Museo Romántico, ubicado en una casona fresca del barrio El Prado.
Allí encontrará cómo nacieron, entre otros, la aviación, el correo aéreo, la navegación a vapor por el río Magdalena, el teléfono y el futbol colombiano, o podrá observar la máquina de escribir que utilizó Gabriel García Márquez en sus días de periodista en la ciudad hace más de medio siglo, caminar por El Prado, admirando sus mansiones, reliquias de la primera urbanización que se levantó en el país, y terminar en el hotel El Prado, una leyenda de 80 años, también pionero turístico en Colombia.
Arriba de El Prado hay un sector exclusivo de diseño y moda, las casas matrices de las reconocidas Silvia Tcherassi, Francesca Miranda, Amalín de Hazbún y Beatriz Camacho, entre otras, como también una zona de restaurantes de cocina nacional e internacional donde predomina la comida árabe.
En el barrio Las Flores, en casetas artesanales, se puede degustar pescados y mariscos con la brisa golpeando las mejillas y un marco impresionante del río Magdalena, a pocos kilómetros de su desembocadura.
Bajando de Las Flores, río arriba, por la Vía 40, la misma que sirve de escenario a los desfiles del carnaval, se llega a La Aduana, un monumento rescatado que alberga cultura e historia y sirve como sede de la Biblioteca Piloto del Caribe.
A pocos metros se levanta el Parque Cultural del Caribe que, aún sin terminar —su inauguración está prevista para septiembre—, se erige como el máximo museo cultural de la región en que se “pintará” de cuerpo entero al hombre Caribe.
Una visita obligada es La Cueva, el restaurante-bar de García Márquez y sus amigos del Grupo Barranquilla (el más importante de artistas en la historia del país) donde, además de degustar un plato exquisito o de beber un trago de ron, podrá admirar parte del realismo mágico de “Macondo urbanizado”.
Barranquilla, con su cálida temperatura y gente amable, contiene hitos históricos, cultura, moda, diseño, cocina, centros comerciales y música que se puede visitar en cualquier época del año. Sin importar que no se oigan todavía los tambores de carnaval...








