La ciudad fue redescubierta en 1976 por un equipo de arqueólogos colombianos.
1/3

Santa Marta — En América Latina se encuentran varias joyas arqueológicas, magnificas huellas de antiguas civilizaciones que poseían una interpretación propia del universo, una cultura ancestral y un estilo arquitectónico singular. Machu Pichu, Tulum, Chichen Itza, Tikal, son sólo algunos ejemplos.

En Colombia se encuentra Ciudad Perdida. Un descubrimiento asombroso y reciente. Unos 200 asentamientos de la civilización Tayrona escondidos entre árboles y plantas en la ladera de la majestuosa Sierra Nevada de Santa Marta, el pico más alto del mundo junto al mar.

Ciudad Perdida es una valiosa muestra del desarrollo y conocimiento antiguo. Ubicada en el departamento de Magdalena (Colombia), esta ciudad forma parte de un centro arqueológico que permaneció escondido en lo alto de las montañas hasta hace tan sólo 30 años.

La ciudad —conocida también como Teyuna o Buritaca 200— fue redescubierta en 1976 por un equipo de arqueólogos colombianos quienes encontraron camufladas bajo los árboles y plantas un centenar de piedras que moldeaban sofisticados caminos, terrazas, muros, puentes y canales.

Emplazada sobre el río Buritaca a unos 1,100 metros de altura, el parque arqueológico de Ciudad Perdida, ocupa un área de aproximadamente 200 hectáreas de terreno selvático.

“Buritaca 200” —poblada por unos 15 mil habitantes en el siglo IX— comprende un complejo sistema de construcciones, caminos empedrados, escaleras y muros intercomunicados por una serie de terrazas y plataformas sobre las cuales se construyeron los centros ceremoniales, casas y sitios de almacenamiento de víveres.

Uno de los encantos de Ciudad Perdida es la topografía del lugar en que se encuentra, que dificultan el acceso a la zona. Hay dos formas de llegar hasta allí, por vía aérea, en helicóptero, o caminando durante tres días, recorriendo un camino poblado con una espesa y exuberante vegetación y bajo un clima húmedo tropical. Sólo unos pocos afortunados aventureros han tenido la suerte de visitarla.La Sierra Nevada de Santa Marta —que se eleva desde el mar hasta los 5,775 metros de altura— está coronada por nieves perpetuas y constituye un lugar sagrado para los indígenas que habitaban la región.