Tras su época de gloria, entre 1860 y los años previos a la II Guerra Mundial, Pau, la capital del Béarn vive actualmente un renacimiento social, cultural y turístico. Si hay tres adjetivos para definir el centro histórico de esta ciudad francesa de Pau éstos son elegante, claro y tranquilo.
Un castillo y fortaleza medieval excepcional, varias plazas muy hermosas, unos edificios llenos de encanto y varios interesantes museos explican que la capital del Béarn sea uno de los lugares más atractivos de ese país para el turista inquieto, aburrido de los tópicos y convencionalismos.
Fortaleza medievalComo suele ocurrir, el origen de la ciudad está en la fortaleza medieval que, renovada por Gastón Febus en el siglo XIV, se convirtió en un castillo renacentista por obra de sus dueños, los vizcondes de Béarn y futuros reyes de Navarra.
Asimismo, los importantes trabajos realizados en el siglo XIX por los arquitectos de Luis Felipe y Napoleón III, muestran a este edificio como un excelente testimonio interpretativo y decorativo de los 20 años que van de 1840 a 1860.
El castillo, que actualmente alberga una interesantísima colección de pintura, tapices y muebles de época, está también muy vinculado a Enrique IV, el primer rey Borbón.
Enrique nació en Pau en 1553 y heredó de su madre, Juana de Albret, los territorios circundantes.
Tres circuitosLa oficina de turismo de la ciudad propone tres circuitos para empaparse del encanto de la villa. El primero incluye los parques, jardines, edificios y bulevares del centro; el segundo, los barrios de casas edificadas por los ingleses en el siglo XIX, y el tercero, los alrededores de la ciudad.
Lo más interesante del primero son el castillo y sus jardines, el verde oasis de plantas alrededor de la iglesia de Saint Martin y la Place Royal.
Pero bastarían dos atracciones: el Parque Beaumont —un amplio y maravilloso espacio verde con lagos— y el famoso Boulevard des Pyrénées —un extraordinario balcón natural que permite ver las cumbres que separan Francia de España en los días claros— para justificar la visita a Pau.
En el parque, diseñado a la inglesa, hay árboles centenarios como secuoias siempre verdes de California, enormes araucarias de Argentina y Chile, cedros del Himalaya y perfumados magnolios.
En cuanto al Boulevard des Pyrénées, fue iniciada su construcción bajo el reinado de Napoleón I que tuvo la idea de destruir todas las construcciones que, en el límite de un enorme barranco, impedían ver las montañas. De esta manera, quedó formado un largo balcón de unos 1,800 metros.









