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Estoy totalmente de acuerdo con el presidente Sarkozy y con su canciller, Bernard Kouchner, a quien me une un entrañable amigo en común, producto de luchas, intereses y estilos semejantes: Regis Debray. Su discurso ante el Senado lo hubiera podido firmar yo. Reseño las tres ideas que convergen con tres de las tesis que caracterizaron la política exterior que Fox me permitió diseñar y ejecutar.

 

Primero: México debe participar en acciones de mantenimiento de la paz en el mundo. Es una responsabilidad de cualquier país miembro de la comunidad internacional, que paga cuotas a la ONU para financiar dichas operaciones, y que nos hemos negado a hacer por querer seguir detrás de la cortina de nopal. Si todos los países pensaran o dijeran lo mismo que nosotros —yo no le entro, que lo haga otro— se aplicaría el principio clásico de la acción colectiva y del "free rider": nadie haría nada. Cuando lo propuse en 2001-2002, PRI y PRD se alzaron en armas; cuando se presentó la oportunidad de participar en el contingente de la ONU en Haití, Fox se opuso y Derbez no supo o quiso convencerlo; y seguimos hoy igual de empantanados. Sarkozy tiene razón, México tiene responsabilidades internacionales -afortunadamente ya se aceptó la tesis de los Castañeda, Álvarez de la Rosa y Gutman, de que debemos ir lo más seguido posible al Consejo de Seguridad- y es una vergüenza que no sepamos, ni queramos asumirlas.

 

Segundo: México (y Francia) debe defender a sus nacionales donde estén, y con independencia de que los sistemas de justicia de los países donde viven digan que cometieron un delito o no. Si hay un país en el mundo que debiera ser sensible a la necesidad de todo gobierno de defender a sus ciudadanos, aunque otro gobierno diga que son delincuentes, es México. Según el gobierno de Estados Unidos tenemos más de 7 millones de "ilegales" allá, y si aceptáramos la tesis de que no debemos opinar sobre las leyes de los otros países y no defender a los que dicen son delincuentes, acabaríamos por hacer... lo que Calderón: nada en materia de defensa de los mexicanos en Estados Unidos. Entiendo que las víctimas de secuestros sientan que Florence Cassez no merece defensa, y menos de un gobernante extranjero. Pero a nadie le puede sorprender que un gobierno como el de Francia, con cientos de miles de nacionales fuera, se preocupe por todos ellos. Esperar otra cosa es no entender ni a Francia ni al mundo. Por ello Sarkozy insistió en el tema de Cassez, pero también de Christopher Augur, y de la joven Souberville, secuestrada y asesinada y cuya tragedia no ha sido plenamente divulgada.