El año pasado el Presidente Obama nos decía, lleno de seguridad, que el gobierno, y no la empresa privada, era quien debería llevar la batuta en el esfuerzo por sacarnos de la recesión económica. Obama nos aseguraba que si se le permitía al gobierno federal invertir miles de millones de dólares en la economía, millones de empleos serian creados y se evitaría que el índice de desempleo rebasara el 8%. Siguiendo esta lógica, el congreso demócrata, aprobó un proyecto de "estímulo económico" para gastar casi 800 mil millones de dólares de nuestro dinero en un sinnúmero de proyectos gubernamentales. A un año de su aprobación, sin embargo, el saldo de esta legislación es muy diferente a lo que nos prometieron. En vez de crear nuevo trabajos, 3.5 millones de empleos se han perdido, elevando el la tasa de desempleo a más del 10%, el nivel más alto en más de veinte siete años. ¿Qué pasó?

La respuesta es sencilla: a pesar de lo que nos digan los economistas de la Casa Blanca, la intervención gubernamental desmedida no va a crear un crecimiento robusto que genere los empleos que necesitamos. ¿De donde sale, después de todo, el dinero que el gobierno inyecta en la economía? El gobierno no tiene una cuenta bancaria secreta con miles de millones en fondos para ser invertidos. Para que el gobierno pueda "invertir" en la economía debe conseguir el dinero a través de impuestos o pidiéndolo prestado; en cuyo caso, no está creando nuevo poder adquisitivo. Está meramente redistribuyendo el dinero de un grupo a otro.

En otras palabras, no hay una nueva inyección de dinero en la economía. El gobierno les quita el dinero a los contribuyentes con nuevos impuestos -dinero que estos normal y libremente invertirían directamente en la economía. O se lo pide prestado a inversionistas privados, lo que hace que estos tengan menos dinero para invertir en la economía privada.