Una reciente entrevista concedida por Víctor García de la Concha, presidente de la Real Academia Española (RAE) a la prensa de Costa Rica deja gran desazón. El deseo de que el español en el mundo sea uniforme choca con su diversidad.

El presidente de la RAE defiende tozudamente la unidad hispana de la lengua y trata su exuberante variedad como un enriquecimiento lícito. Por otro lado, conscientes de las diferencias dialectales, no debe de sorprender que haya extremistas que propongan eliminar de determinadas variedades lo discordante. Una especie de "limpieza étnico-lingüística".

Las palabras que el presidente de la Academia puso de ejemplo de diversidad referían a ciertos usos de "hasta" en México y zonas limítrofes: "En México dicen ‘Este comercio abre hasta las cinco’, y significa que el comercio ‘abrirá a las cinco’, mientras que en España significa que ‘cerrará a las cinco’". El presidente reduce la contradicción a separar "lo general" de "lo particular (de México)".

Las cosas empiezan mal cuando algunos califican un uso genuino del español —el del ‘hasta’ de México— como "vicio del idioma". Por ahí no vamos a ninguna parte. Estos autoproclamados "dueños del idioma" ven horrorizados que si todo es riqueza, como dice el presidente de la RAE, se da carta de naturaleza a "un vicio". Viene a cuento de la Nueva Gramática Académica del Español, aún por publicarse.

La Nueva Gramática es ejemplo mismo de un "quiero y no puedo". Si la gramática es descriptiva, se describe todo: el cómo es y el dónde se produce. Esta nueva gramática, sin embargo, es normativa y oficialista, esto es, que prima unos usos sobre otros. Y aquí es donde falla, pues se ordenan subjetivamente los diferentes usos.