El padre Marcial Maciel, fundador de la ultra conservadora congregación de Los Legionarios de Cristo, no puede descansar en paz. Pero tampoco pueden hacerlo docenas de personas que fueron tocadas por él, y no exactamente por sus sanas virtudes.

Según un reciente informe, el sacerdote mexicano, quien murió el año pasado a los 87 años de edad, tuvo hace 22 años un hijo con una mujer cuya identidad no ha sido revelada. También ha salido a la luz pública que el sacerdote aparentemente entregó grandes cantidades de dinero de su congregación a la familia de la mujer a quien supuestamente mantuvo como su amante. Pero esos habrían sido los menos graves de sus muchos supuestos pecados.

El padre Maciel ha sido por décadas una figura polémica. Amigo personal del Papa Juan Pablo Segundo, Maciel dirigió una congregación católica dedicada a propagar la palabra de Cristo y a apoyar a la Iglesia Católica. Y por ello logró un apoyo incondicional por parte de la jerarquía del Vaticano y ha sido venerado casi en un estatus de culto por sus seguidores.

Pero hay quienes ven a Maciel de una manera muy diferente. En el seminario dirigido por el fundador de los Legionarios de Cristo hacia finales de los años 50 y comienzos de los 60 había cerca de 100 jóvenes seminaristas. José Barba, ahora profesor universitario, tenía 12 años en aquel entonces. Los años pasan pero no ha podido borrar de su memoria los horribles y vergonzosos episodios de aquellos días.

Barba alega que el padre Maciel abusó de él sexualmente. Dice que su líder espiritual le dijo que sufría de dolores y que tenía autorización del Vaticano para que algunas monjas le hicieran masajes en sus genitales para aliviar ese dolor. El joven seguramente le podría hacer el favor. El sacerdote le mostraría cómo hacerlo. El cree que posiblemente hasta una tercera parte de los seminaristas pudieron haber sido víctimas en aquel entonces de los abusos de su líder.