otto Santa Ana
El Departamento de Policía de Los Ángeles no es el único organismo público supervisor con un ojo negro después de que el Concejo Municipal aprobara el miércoles un acuerdo sin precedentes de $12.9 millones relacionado con su comportamiento en la marcha del Día de la Inmigración el 1º de mayo hace dos años.
Los equipos de noticias de televisión locales y nacionales informaron acerca de los hechos de manera muy equivocada, haciendo responsables a las víctimas de lo que el LAPD y la municipalidad reconocen ahora que fue un ataque no provocado por parte de 450 agentes en una reunión pacífica de 7,000 personas en el Parque MacArthur.
Al menos el LAPD ha reconocido su error. Los periodistas televisivos aún deben hacerlo.
Como lingüista especializado en análisis detallado del discurso público con respecto a la inmigración, dirigí un equipo que dedicó 30 semanas a estudiar 20 horas de cobertura de 51 canales de televisión locales y de red que informaron sobre el evento el 1º y 2 de mayo de 2007.
En primer lugar, comparamos la precisión de las noticias emitidas en televisión con el relato del LAPD. Luego estudiamos el lenguaje usado por los periodistas de la televisión al hablar sobre este evento. Por último estudiamos cómo las salas de noticias de la televisión presentaron visualmente los hechos.
Nuestros resultados fueron desalentadores. Concluimos que tanto las salas de noticias locales como de las redes de televisión presentaron los hechos con una narración de represión de disturbios, en vez de una narración que reflejara el comportamiento equivocado de la policía.
Tanto el enfoque de represión de disturbios como el enfoque de comportamiento equivocado de la policía son figuras retóricas que los estudiosos de la comunicación como yo hemos identificado analizando la cobertura de noticias de cientos de eventos de movimientos sociales, como las marchas por los derechos civiles en EE.UU. y las marchas de la Organización Mundial del Comercio.
El enfoque de represión de disturbios siempre acusa a los manifestantes como los autores violentos de los hechos. Los participantes de una marcha en una narrativa de represión de disturbios se presentan como agitadores violentos (y por lo tanto criminales), mientras que los policías son agentes del gobierno que cumplen la ley y que tienen la responsabilidad de disciplinar a civiles que alteran el orden. Como era de esperar, el papel de víctima en los hechos de 2007 se reservó para el personal de los medios de comunicación atrapados en el ataque de la policía, no para las familias con niños en carritos, participantes inocentes o incluso los desafortunados vendedores callejeros.
Concluimos que la narrativa de represión de disturbios no se usó hasta las emisiones de noticias del 2 de mayo. Antes del ataque del LAPD, las noticias locales emitidas la mañana del 1º de mayo tuvieron un enfoque de los hechos y de los inmigrantes en términos humanos.
Incluso mientras tenía lugar el ataque del LAPD, los periodistas televisivos en la escena informaron del carácter pacífico de los participantes de la marcha, haciendo declaraciones como: "No escuchamos ninguna orden de dispersarse".
Al día siguiente, sin embargo, el enfoque de las noticias por televisión cambió los roles de los perpetradores y de las víctimas. Las inexactitudes en los hechos aumentaron a medida que comenzó a prevalecer el enfoque de represión de disturbios. En la mañana del 2 de mayo, el corresponsal de Fox News William La Jeunesse estableció el tono, al afirmar: "La policía ordenó a los rezagados que se dispersaran, primero por helicóptero y sirena, luego con altavoces y megáfonos. Fue ahí cuando los participantes de la protesta comenzaron a tirar botellas y piedras a la policía, haciendo que un agente cayera de su motocicleta". Esas declaraciones falsas fueron luego repetidas a nivel nacional en noticieros de la Sala de Noticias de CNN, el Informe Especial de FOX News con Brit Hume y el Informe de FOX News con Shepard Smith.
El LAPD no corrobora las declaraciones de La Jeunesse. Nuestro equipo de investigación no encontró ninguna fuente policial para esa información. Tampoco encontramos pruebas que fundamentaran otras declaraciones de La Jeunesse sobre actividades que presentan a los participantes de la protesta bajo una luz criminal: un arresto por robo en una tienda, un grupo que llegó tarde (mucho menos uno que se podría identificar como una pandilla) o un grupo que incitara a la violencia. Las historias de otros noticieros locales o de red tampoco confirmaron estas interpretaciones. Pero ninguno de los informes describió las acciones no provocadas del LAPD de formas que presentaran a los policías como perpetradores de la violencia, como el informe del Jefe del LAPD William Bratton lo hizo en octubre de ese año.
Cuando las noticias en la televisión presentaron en varias oportunidades de manera falsa a los pacíficos participantes de la marcha como violentos instigadores, las ramificaciones políticas fueron importantes. Las acciones de la policía se ajustan a la definición de violencia política. Las distorsiones de las noticias de la televisión constituyen una brutalidad política similar.
Un punto del acuerdo de la ciudad exige que el LAPD instituya un programa de capacitación obligatorio para todos los agentes sobre cómo responder a las grandes demostraciones. Considerando la lamentable incapacidad de los noticieros de la televisión para informar sobre este evento, sería bueno que las salas de noticias realizaran una capacitación similar, especialmente para los eventos en los que participan inmigrantes –y otras comunidades políticamente vulnerables- que son presa fácil de la brutalidad periodística.
Otto Santa Ana, sociolingüista empírico y analista crítico del discurso, es profesor adjunto del Departamento César E. Chávez de Chicana y Estudios Chicanos de la UCLA. Al estudio contribuyeron los estudiantes Layza López, Edgar Munguía, Omar Torres y Martín Vallejo.