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En su primer mes de gobierno, Barack Obama ha trabajado como pocos. La magnitud de la crisis que sufre el país le ha obligado a destinar incontables horas para intentar enderezar la economía, en medio de un clima político por demás adverso debido a las críticas republicanas. Por fortuna sus esfuerzos han comenzado a fructificar y finalmente firmó el programa de estímulo que esperamos nos ayude a ver la luz al final del túnel.
En este escenario, diversos sectores esperan que Obama empiece a dedicarse a otros asuntos. Uno de estos grupos es el de los pro inmigrantes que, con razón, le recuerdan al presidente que cuando era candidato prometió que lucharía por impulsar una reforma migratoria para terminar, entre otras calamidades, con las redadas y deportaciones que tanto sufrimiento causan porque separan a las familias.
La demanda es válida, sobre todo porque en los últimos cinco años las autoridades migratorias se han concentrado en deportar a miles de trabajadores cuyo único delito es carecer de papeles. Un reciente informe de Migration Policy Institute indica que el 73% de las 97 mil personas arrestadas entre 2003 y 2008 no tenían un historial criminal.
El problema es particularmente grave porque durante esos años las autoridades migratorias recibieron fondos federales para arrestar a criminales y fugitivos peligrosos, no a indocumentados sin antecedentes penales. Consciente de esta falla, la nueva secretaria del Departamento de Seguridad Interna, Janet Napolitano, afirmó que se debe revisar el programa de deportaciones. Pero hasta ahora las redadas siguen aterrorizando a comunidades enteras.
Otro asunto que preocupa sobremanera es el del muro en la frontera sur. Como senador, Obama votó a favor de la valla, pero cuando se convirtió en candidato se manifestó escéptico acerca de su efectividad para detener indocumentados. Napolitano también expresó dudas sobre la conveniencia del muro cuando era gobernadora de Arizona.
Sin embargo, actualmente ninguno de los dos ha dado señales de querer dar marcha atrás con la construcción de la valla que tiene una extensión ya de más de 600 millas, a pesar de que en los últimos días se han multiplicado las voces que claman por la suspensión de la obra. Estas voces no provienen sólo de los grupos pro inmigrantes sino de varios sectores que argumentan que el muro presenta serios desafíos políticos, legales e incluso de ingeniería.
Los ambientalistas exigen que se revise la ruta donde se ha erigido la cerca porque bloquea el paso de especies en riesgo de extinción. Los dueños de terrenos por donde pasa el muro se quejan de la injusta confiscación de sus propiedades. Los ingenieros a cargo de la obra, por otra parte, tratan infructuosamente de detener las inundaciones propiciadas por el muro.
Y por si ello no fuera suficiente, los agentes de la Patrulla Fronteriza dicenestár cansados de reparar una y otra vez la valla por la que siguen pasando los indocumentados.
A este coro se han unido varios congresistas demócratas que le piden o a Obama detener el muro porque, en esta era de avances tecnológicos, es un algo anticuada que sólo daña las relaciones entre México y EEUU. Uno de esos legisladores es Silvestre Reyes, ex jefe de la Patrulla Fronteriza en El Paso, Texas.
Así las cosas, sólo falta que Obama escuche estos argumentos por demás convincentes y recuerde las promesas que hizo en campaña, así como el apoyo que recibió de los latinos.
Comentarios a: mlarsa@sbcglobal.net