Un nuevo romance político empieza a entretejerse en la política norteamericana. No es la relación amorosa entre el político y la estudiante universitaria, ni mucho menos es un escándalo sexual que endulza las cámaras de los paparazzis y el micrófono de los chismosos de la televisión y la radio.

Es más bien un romance calculado, prosaico, documentado en un libro de más de 400 páginas. Se trata de Sarah Palin, ex gobernadora de Alaska, ex candidata a la presidencia, ex alcaldesa de Wasilla y ex ganadora de un concurso de belleza, cuyo libro, Going Rogue: An American Life, trata de reconquistar el corazón del electorado norteamericano con una versión propia y llena de contradicciones.

Como un espadachín de la mitología china, que busca vengar la intolerancia de sus agresores y la frialdad de sus amigos que la abandonaron en la batalla decisiva de su vida, la ex gobernadora de Alaska arremete sin pudor contra sus ex aliados y enemigos.

Fue ella, de acuerdo a su versión, la víctima del sistema político y unos medios de comunicación maliciosos y condenables.

Las críticas que propició su famosa entrevista con Katie Couric, presentadora de noticias de la cadena CBS, fue el resultado de una maquinación despiadada.

Recordemos que en algunos momentos cruciales de la famosa entrevista, Palin se negó a contestar preguntas comunes y corrientes. Couric insistió, por ejemplo, que mencionara a uno de los medios por el cual se informaba del entorno mundial de la política exterior del país. Palin no supo contestar; simplemente señaló que "lee todos [los libros, revistas académicas y periódicos]". El electorado nacional entendió que básicamente no lee nada.