Fernando Savater acepta el egoísmo como la búsqueda y satisfacción del interés personal, pero debe acompañarse de la política para armonizar los egoísmos y evitar desajustes del sistema.

La política debe ser el juego que construye un interés general que se pone por encima de los individuos, suma la creatividad de los egoísmos generando una realidad colectiva superior a las pretensiones individuales.

El enfoque del filósofo parece pertinente para nuestra época pero desafortunadamente no encuentra una traducción en las acciones de los políticos, que aunque en teoría son los encargados de la política, o sea de construir una realidad colectiva superior, han llevado el egoísmo a la política, sus decisiones se basan más en asegurar su futuro personal y la consolidación de sus intereses particulares y mucho menos en la satisfacción de los grandes intereses nacionales. Han suplantado al interés general reduciendo la voluntad general a una lucha de intereses particulares.

En el pasado debate sobre las leyes de ingresos y egresos en México encontramos con frecuencia el argumento de que las decisiones acarrearían costos políticos, lo que al parecer debemos traducir en una cierta molestia de la sociedad y eventualmente rechazo electoral. El lenguaje dejo traslucir acciones revanchistas y un discurso lleno de animosidad que demostraba poca capacidad de comunicación.

Si los políticos están preocupados por el costo político, tal vez deberían ocuparse de tomar decisiones que les den ganancias, o sea que sean populares, pero entonces nos aclaran que hay que tener cuidado con lo popular porque puede ser pernicioso. De nuevo la afirmación aquella: "las minorías se equivocan a veces, las mayorías siempre". Y en efecto el pueblo vive equivocado.