Burbujas
Ver el mundo político de México desde aquí, ver el de los Estados Unidos desde allá y tratar de compararlos es un ejercicio por demás interesante.
Ambos países son repúblicas con Estados independientes y tienen problemas económicos y de desempleo, pero la actitud pública ante la política es totalmente diferente.
Hay corrupción en ambos lados. Una, la de México, más generalizada, más visible y abiertamente comentada y criticada.
La de aquí es de alto nivel, de cabildeo, de combinaciones financieras o políticas bajo la mesa, de aportaciones indebidas a cambio de futuras ventajas.
Claro que en ambos lados abunda la gente honesta…
En México hay una gran división entre gobernantes y gobernados y un absoluto desprecio por la clase política, especialmente diputados y senadores, que se traduce en sangrientas y constantes críticas.
En México la política sirve para hacerse rico y tener privilegios que el resto del pueblo no tiene, ni sueña en poder tener.
Aquí ser rico sirve, en muchos casos, para buscar y lograr el poder, o influir en las acciones políticas, aportando recursos que se "agradecen" en alguna forma futura.
Aquí el pueblo está dividido en dos partidos: El republicano y el demócrata y, al margen, los que nos consideramos independientes.
Los integrantes de ambos partidos se combaten ferozmente aunque, si se analizan sus posiciones a fondo y sin pasión, tienen más en común que las diferencias por las que se atacan —a veces hasta con odio.
Su actitud política es clásica: Hay que oponerse a todo lo que los del otro partido pretenden hacer solo que, al paso de la historia, hoy defienden lo que ayer atacaban y viceversa. ¡Pero su guerra es partidista a destruirse, pero sin destruir el país!
En México la división no es de partidos, aunque hay muchos, es entre gobernantes y gobernados y al hablar de gobernantes incluyo a toda la "clase política" y sus influyentes amigos.
Todos los demás, que son millones, solo tienen el derecho a votar a quien poner o mantener en el camino a esa fuente de increíble de riqueza.
Esos millones de votantes están acostumbrados a que no les cumplan lo que les prometen (aquí es igual) y expresan su disgusto a veces con gracia y mil otras con desprecio por los políticos; el partido al que pertenezcan es lo de menos.
México estuvo gobernado por el PRI (Partido Revolucionario Institucional) por 70 años. Algunos de sus presidentes lo hicieron muy bien y otros muy mal, pero el PRI tuvo una virtud, sabía cambiar presidentes y tendencias que compensaban las carencias, errores o excesos, del presidente anterior.
Los presidentes de PRI que gobernaron de los "ochentas" en adelante lo hicieron dentro en un marco terrible de corrupción, no en todo caso de ellos personalmente, pero si de muchos de los que los rodeaban y todo eso produjo la "necesidad política" de un cambio.
Esa necesidad llevó a Fox a la presidencia… Pero el cambio que todo el pueblo esperaba no se dio porque ni cambió las estructuras, ni los procedimientos ni persiguió a los que habían abusado del poder o enriquecido en ese medio corrupto. ¡Había mucho riesgo en tocar a esos poderosos!
El sexenio foxista pasó sin pena ni gloria… fue un coctail con más de lo mismo, con una gran dosis de desilusión… y algunos pecadillos.
Viene una elección más en la que el candidato es Felipe Calderón del PAN que hace su campaña bajo la bandera conservadora y promete: "(…) reducir los impuestos para quienes trabajan, producen o crean empleos y simplificar su pago" y concreta: "Voy a bajar la tasa el Impuesto sobre la Renta". (sic)
Calderón triunfa con una mínima diferencia y se esperan ajustes, pero persiste el mismo sistema de burócratas profesionales que cambian de una posición a otra (¡Son expertos en todo!) y para mostrar fuerza en su debilidad política lanza al ejército mexicano a una necesaria guerra en contra de los narcos cuya violencia es intolerable… No ha ganado esa guerra, pero no la ha perdido tampoco, los que la han perdido son los cientos de muertos en acciones y represalias.
Calderón hace crecer el aparato burocrático enormemente y ante las críticas y el riesgo de un déficit presupuestario, hace ajustes y elimina varias Secretarías de Estado, entre ellas Turismo.
El presupuesto de 2010 es aprobado con dificultad y es hasta después que envía al Congreso su propuesta de aumentar los impuesto para financiarlo e incluye un "2% para combatir la pobreza".
Me parece demagogia proponerlo sin que especificar como emplearlo en un país que tiene 44 millones de pobres —entre ellos 16 millones de miserables—, al tiempo que recorta los presupuestos para educación y obras públicas. La falta de educación es la más terrible de todas las pobrezas y reducir obras públicas elimina empleos.
Y los diputados aprueban algunos de los incrementos de impuestos. Uno de ellos me parece absurdo, un 3% a los depósitos bancarios hechos en efectivo, porque castiga a los ahorradores, pero parece una cuota para legalizar el lavado de dinero.
Total que falta un plan nacional, apolítico, para acabar con la corrupción, las prebendas políticas y hacer más eficiente la burocracia que solo se mueve cuando la aceitan con "mordidas".
Ante la inconsistencia del PAN muchos votantes han hecho volver al PRI, aunque tan malo es el pinto como el colorado.
Comentarios a rodolfo.casparius@gmail.com