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educación
California cuenta con una de las principales economías del mundo. Incluso en la actual crisis financiera nacional, el estado produce enormes cantidades de bienes y servicios relacionados con la agricultura, comercio, transporte, utilidades, entretenimiento, turismo, servicios, fabricación, y la cambiante industria de la informática y la tecnología.
California también produce algo que sus líderes no pueden considerar como una virtud: desertores escolares. Las "fábricas de desertores escolares" son centros de enseñanza secundaria cuyos índices de graduación son inferiores al 60 por ciento. El diez por ciento de las escuelas secundarias de California está compuesto por esas "fábricas de desertores", y la representación de los estudiantes hispanos en las mismas es realmente desproporcionada. Muchos de nuestros estudiantes no se están graduando y la mayoría no lee al nivel de su edad.
En mi trabajo con las comunidades hispanas de Los Angeles durante los últimos 15 años, he visto cómo esas "fábricas de desertores escolares" han privado de sus oportunidades a cientos de jóvenes. He visto cómo los jóvenes hispanos abandonan la enseñanza secundaria sin graduarse, y he sido testigo de sus luchas por la supervivencia, y de cómo las nuevas generaciones han heredado esas mismas calamidades.
El impacto es enorme en cada persona y cada familia. Y devastador para la economía de nuestro estado en general.
En contraste con lo anterior, la obtención del diploma de enseñanza secundaria es una puerta abierta al futuro. Si los más de 160,000 alumnos que desertaron este año de los centros secundarios de California se hubieran graduado, los ingresos combinados durante sus vidas laborales habrían totalizado aproximadamente $42.1 mil millones. Los graduados universitarios son más propensos a disfrutar de beneficios de seguros de salud y pensión proporcionados por los empleadores que los desertores de la enseñanza secundaria. Además los hispanos graduados en una institución universitaria de cuatro años son más propensos a ser propietarios de una vivienda, que aquellos que abandonaron la enseñanza secundaria.
Los empleos de rápido crecimiento de California exigen un dominio sólido de las Matemáticas y las Ciencias. Sin embargo, el estado invierte millones de dólares anualmente en programas remediales en centros universitarios comunitarios para graduados de enseñanza secundaria carentes de conocimientos básicos de Matemáticas, Lectura y Redacción. De hecho, sólo uno de cada cuatro hispanos graduados de enseñanza secundaria del curso 2006-07 en California, realizó los cursos requeridos para matricular en los sistemas de la Universidad de California y la Universidad del Estado de California.
Esta situación podría atribuirse en parte a lo que demuestra un estudio a escala nacional: las escuelas que matriculan el mayor porcentaje de alumnos de minorías étnicas y procedentes de familias de bajos ingresos, reciben menos recursos que las que prestan servicios a alumnos de la raza blanca y de familias pudientes. Por ejemplo, Education Trust West reveló que en San Diego, los centros escolares con mayor porcentaje de alumnos pertenecientes a minorías étnicas fueron cinco veces más propensos a contar con profesores insuficientemente calificados, en comparación a las escuelas con menor porcentaje de alumnos procedentes de minorías. Esta desigualdad en el otorgamiento de recursos afecta la calidad de la instalación escolar, y la disponibilidad y adecuación de los libros de texto y otras herramientas de instrucción como computadoras y acceso a la Internet.
Nosotros, como estado y como nación, podemos cambiar el rumbo en que estamos. Debemos abogar por leyes que les exijan a las escuelas secundarias la enseñanza y evaluación del alumnado sobre la base de sus conocimientos y destrezas necesarias para tener éxito en la educación superior. Los cursos deben preparar a los alumnos con vistas a matricular y tener éxito en la enseñanza universitaria, y entrenarlos para usar el pensamiento crítico y la capacidad de solucionar problemas que necesitarán en la vida laboral.
He sido testigo de cómo los jóvenes hispanos logran el éxito en escuelas que cuentan con el apoyo educacional adecuado. California puede garantizar que los hispanos matriculados en escuelas con grandes necesidades tengan acceso a la misma instrucción de calidad que los estudiantes residentes en zonas prósperas, compilando e informando abiertamente los datos escolares desglosados por raza, procedencia étnica y nivel de ingresos. Esto puede contribuir a la identificación de las escuelas y alumnos más necesitados, e indicar adónde se deben asignar recursos que atraigan líderes escolares y maestros altamente efectivos.
Todos los estudiantes hispanos tienen derecho a recibir una educación secundaria de calidad que amplíe sus oportunidades de éxito en la vida, y les permitan convertirse en adultos productivos y prósperos. Este mes en San Diego, los líderes políticos, de los derechos civiles y de la educación que están de acuerdo con todo lo anterior, firmaron un compromiso de apoyo a las reformas de la enseñanza secundaria en California, uniéndose a la Campaña por la Igualdad en la Enseñanza Secundaria (Campaign for High School Equity) —coalición a la que pertenece la Liga de Ciudadanos Hispanos Estadounidenses Unidos—en reafirmar de que debemos exigir lo mejor para la juventud de California. Exhortamos a todos los que representen a California en el Congreso de los Estados Unidos a apoyar este compromiso, y a respaldar el cambio en el ámbito nacional.
Ramón Miramontes es Decano de Asuntos Académicos de Los Angeles Southwest College.