La masacre de 72 migrantes de varios países latinoamericanos en Tamaulipas, México, por la banda delictiva de los Zetas, ofrece otra clave sobre lo equivocado de la retórica sobre inmigración y violencia fronteriza que se escucha a diario en la boca de muchos políticos estadounidenses.

En la masacre se presume que los Zetas interceptaron el camión en el que viajaban los inmigrantes –provenientes de Ecuador, El Salvador, Costa Rica, Brasil y Honduras- los masacraron con la intencion de mandar un mensaje: "este es nuestro territorio, el que no trabaje para nosotros está muerto".

La dramática historia del único sobreviviente a la masacre, Luis Fredy Lala Pomavila, un ecuatoriano de 18 años que se dio´por muerto y luego alertó a las autoridades, es un ejemplo de ello. El joven pago 11,000 dolares a los coyotes –sólo podemos imaginar con qué sacrificios y promesas a prestamistas logro esa cifra- para cruzar la frontera y venir a estar con sus padres, y a trabajar para mantener a su embarazada esposa de 17 años. Entre esos 72 muertos, probablemente todos o casi todos tienen una historia similar. No obstante, los delincuentes reales son otros, los narcos.

El origen del negocio del narcotráfico, sabemos bien, está en el consumo que ocurre en los Estados Unidos y la posibilidad de utilizar a los migrantes como mulas es alimentada por el hecho de que no existen vías legales para que la economiá de Estados Unidos se nutra de la mano de obra que utiliza todos los días. Es decir, el roto sistema de inmigración alimenta no sólo la inmigracion indocumentada sino la violencia.