La serie de reuniones que mantuvo el jueves el presidente Obama sobre el tema de inmigración reveló la urgencia que existe para colocar un proyecto de ley a debate antes que se cierre la oportunidad de hacerlo en el calendario legislativo.
El presidente mantuvo en pie su compromiso con una reforma de inmigración integral, sin embargo su respaldo no llega a cumplir las expectativas. La Casa Blanca no respondió afirmativamente para promover los tiempos necesarios como el tener un proyecto listo antes del 21 de marzo y para que el mismo esté en el Comité Judicial del Senado no más tarde del 23 de abril. Esto nos desilusiona, pero esta actitud puede ser también comprensible.
Recién ese mismo día, en otra reunión, el presidente recibió por primera vez los detalles del proyecto de reforma migratoria elaborado durante meses por los senadores Charles Schumer y Lindsey Graham, demócrata y republicano respectivamente. La propuesta todavía no fue revelada oficialmente bajo el argumento de esperar más respaldo de la bancada republicana. El tiempo apremia, el proceso es ahora una carrera contra el reloj si la Casa Blanca quiere cumplir con la promesa electoral de una reforma para este año.
Nadie duda que las leyes de inmigración necesitan un cambio y ya existe un proyecto bipartidista para ese fin. La medida contiene aspectos suficientes como para que más legisladores se suban abordo de la misma. La responsabilidad está en el Senado y tanto en Schumer como en Graham para avanzar el proyecto. La hora de deslindar responsabilidades ya pasó, es el momento de actuar.




