La inmigración indocumentada se ha reducido en nuestro país, según las cifras del Departamento de Seguridad Interna. La fluctuación revela lo que todos saben, que la economía y sus empleos son el verdadero imán del inmigrante.

Se estima que hay cerca de 10.8 millones de personas sin papeles, lo que significa una reducción de 800 mil, en relación al año pasado, el cual ya había registrado una caída de 200 mil. Las cifras son generales, pero suficientes en para indicar con claridad una tendencia.

La baja en esta cifra se debe en parte a la cantidad de personas que van regularizando su situación legal, como el número de gente que se regresa a su país por la falta de empleo y aquellos que deciden no cruzar la frontera desalentados por la misma situación. Esto demuestra que los beneficios gubernamentales no son el gran atractivo de la inmigración como se dice.

Es significativo también que el mismo estimado señala que el 63% de los indocumentados en el país llegaron antes del 2000, lo que indica una larga residencia donde de un importante número de persona que, a pesar de la falta de documentos, ya es una parte integral del tejido de este país.

Este panorama presenta una oportunidad única para la reforma de inmigración. Es un momento ideal para estabilizar la situación migratoria de millones de personas que llevan muchos años contribuyendo a la economía y asimilándose a la cultura. Al mismo tiempo, es un buen punto de partida para regularizar el flujo migratorio en relación a la necesidad de mano de obra en las distintos sectores laborales .

Esperamos que este momento sea aprovechado. Hay sólidos argumentos económicos y —por supuesto humanos— para una reforma migratoria. El tiempo apremia, se necesita la colaboración de todos con mensaje electrónicos, cartas y llamadas a los legisladores federales para que avance la legislación, de lo contraria se demorará demasiado como para ser tratad en el Congreso.