Generalmente, el código de ética periodística y la naturaleza misma del trabajo requiere que el profesional de la información se mantenga a cierta distancia de los hechos, sin participar en ellos y sólo reportándolos. Se asume que es la mejor forma de mantener la imparcialidad y de informar con objetividad, sin tomar partido.
Pero hay momentos que ponen a prueba cualquier concepto ético. El terremoto de Haití y sus consecuencias están generando una amplia discusión sobre el papel de un periodista frente a la tragedia: ¿testigo o participante?
Estos días hemos visto en repetidas ocasiones a los periodistas, principalmente los de ciertas cadenas de televisión, ser parte de la historia, participando en rescates, ofreciendo tratamiento a enfermos –los que son médicos- y reportando sobre el incidente.
Un periodista es ante todo un ser humano, un médico-periodista es primero médico, como lo señaló el conocido Sanjay Gupta de CNN luego que su canal pasara al aire una nota de 4 minutos en la que el neurólogo y comentarista daba tratamiento a un bebé de 15 días de nacido por una laceración en la cabeza. El problema que algunos expertos en periodismo han señalado es que cuando se repite parece no sólo contradecir la tarea de observación independiente del periodista, sino se convierte en arma de mercadeo para el medio.
Una y otra vez, estos medios han puesto a sus reporteros como centro de la noticia, rescatando un niño de una pelea, tratando a los enfermos. Es loable que estos periodistas sigan sus instintos como seres humanos, pero tiene que haber un límite a la forma en que se promueven estos actos "heróicos". No hay duda alguna que en este momento en Haití, hay muchas historias que contar, incluyendo las de otros heroicos rescatistas, médicos y voluntarios que no van acompañados de una cámara y que están dando lo mejor de sí para ayudar . Es un tema complejo, los medios deben darle un trato responsable
Generalmente, el código de ética periodística y la naturaleza misma del trabajo requiere que el profesional de la información se mantenga a cierta distancia de los hechos, sin participar en ellos y sólo reportándolos. Se asume que es la mejor forma de mantener la imparcialidad y de informar con objetividad, sin tomar partido.
Pero hay momentos que ponen a prueba cualquier concepto ético. El terremoto de Haití y sus consecuencias están generando una amplia discusión sobre el papel de un periodista frente a la tragedia: ¿testigo o participante?
Estos días hemos visto en repetidas ocasiones a los periodistas, principalmente los de ciertas cadenas de televisión, ser parte de la historia, participando en rescates, ofreciendo tratamiento a enfermos –los que son médicos- y reportando sobre el incidente.
Un periodista es ante todo un ser humano, un médico-periodista es primero médico, como lo señaló el conocido Sanjay Gupta de CNN luego que su canal pasara al aire una nota de 4 minutos en la que el neurólogo y comentarista daba tratamiento a un bebé de 15 días de nacido por una laceración en la cabeza. El problema que algunos expertos en periodismo han señalado es que cuando se repite parece no sólo contradecir la tarea de observación independiente del periodista, sino se convierte en arma de mercadeo para el medio.
Una y otra vez, estos medios han puesto a sus reporteros como centro de la noticia, rescatando un niño de una pelea, tratando a los enfermos. Es loable que estos periodistas sigan sus instintos como seres humanos, pero tiene que haber un límite a la forma en que se promueven estos actos "heróicos". No hay duda alguna que en este momento en Haití, hay muchas historias que contar, incluyendo las de otros heroicos rescatistas, médicos y voluntarios que no van acompañados de una cámara y que están dando lo mejor de sí para ayudar . Es un tema complejo, los medios deben darle un trato responsable