El Presidente Barack Obama nos recordó ayer que, en medio de una dificil crisis económica y de las urgencias del día a día, de reconstruir la economía del ahora, no podemos olvidarnos de la economía y la sociedad del futuro. Inevitablemente, ello requiere invertir en la educación de las futuras generaciones. Pero esa educación está en serios problemas y, como lo afirmó ayer el Presidente en un discurso ofrecido ante la Cámara de Comercio Hispana de los Estados Unidos, llegó la hora de actuar. Creemos, y lo hemos dicho, que hace tiempo que ese momento ha llegado y esperamos que los hechos se correspondan con las palabras.
Todos conocemos las historias de terror sobre el declive de la educación pública en los Estados Unidos. Las tasas de deserción escolar de más del 50%, como la que tienen las escuelas de Los Angeles y muchas otras en áreas urbanas, la incapacidad de la mayoría de los niños de leer al nivel que su grado requiere, de cómo una generación perdida, o varias, se refugian en pandillerismo y caen en el desempleo.
El mandatario lanzó una voz de alarma: Estados Unidos no puede seguir siendo un líder económico global si no se atacan tres problemas: el alto costo de la salud, la forma en que usamos la energía y la educación que ofrecemos a nuestros niños.
Pero dijo más. Dijo que era hora de superar las posturas ideológicas cerradas, donde un partido se opone a mayor vigilancia del desempeño de los maestros y el otro se niega a invertir en probados métodos, como la educación temprana o pre escolar. El Presidente Obama rechazó la lucha ideológica: bonos (voucher) o el estatus quo en las escuelas públicas y ofreció más recursos a cambio de más responsabilidad, más apoyo a cambio de que los estados o distritos demuestren resultados en sus programas. La Ley de Estímulo económico ya aprobada contiene 5,000 millones de dólares para programas de educación temprana. Es un buen comienzo.
Se acabó el apuntar dedos, dijo el Presidente. Es la hora de tomar responsabilidades. No podríamos estar más de acuerdo, sobretodo porque buena parte de esa generación futura, está en nuestras comunidades (mal llamadas) minoritarias.
El Presidente Barack Obama nos recordó ayer que, en medio de una dificil crisis económica y de las urgencias del día a día, de reconstruir la economía del ahora, no podemos olvidarnos de la economía y la sociedad del futuro. Inevitablemente, ello requiere invertir en la educación de las futuras generaciones. Pero esa educación está en serios problemas y, como lo afirmó ayer el Presidente en un discurso ofrecido ante la Cámara de Comercio Hispana de los Estados Unidos, llegó la hora de actuar. Creemos, y lo hemos dicho, que hace tiempo que ese momento ha llegado y esperamos que los hechos se correspondan con las palabras.
Todos conocemos las historias de terror sobre el declive de la educación pública en los Estados Unidos. Las tasas de deserción escolar de más del 50%, como la que tienen las escuelas de Los Angeles y muchas otras en áreas urbanas, la incapacidad de la mayoría de los niños de leer al nivel que su grado requiere, de cómo una generación perdida, o varias, se refugian en pandillerismo y caen en el desempleo.
El mandatario lanzó una voz de alarma: Estados Unidos no puede seguir siendo un líder económico global si no se atacan tres problemas: el alto costo de la salud, la forma en que usamos la energía y la educación que ofrecemos a nuestros niños.
Pero dijo más. Dijo que era hora de superar las posturas ideológicas cerradas, donde un partido se opone a mayor vigilancia del desempeño de los maestros y el otro se niega a invertir en probados métodos, como la educación temprana o pre escolar. El Presidente Obama rechazó la lucha ideológica: bonos (voucher) o el estatus quo en las escuelas públicas y ofreció más recursos a cambio de más responsabilidad, más apoyo a cambio de que los estados o distritos demuestren resultados en sus programas. La Ley de Estímulo económico ya aprobada contiene 5,000 millones de dólares para programas de educación temprana. Es un buen comienzo.