El resultado del censo nacional del año que viene será utilizado por el gobierno federal para distribuir cerca de $400 mil millones a los estados y localidades, según la población contada. Básicamente, cuanto más gente hay, más dinero se recibe.
Por eso, cada estado y ciudad debería estar interesado en contabilizar a la mayoría de sus residentes y reducir al máximo posible el inevitable subconteo. Es lamentable que el gobierno de California no piense lo mismo, o al menos así parece.
El gobierno federal es quien paga la organización del operativo, mientras que los estados son los que se ocupan de la campaña para promover la participación. Hace 10 años California invirtió $25 millones para hacer que el mensaje de la importancia de hacerse contar llegue a la mayor cantidad de californianos. Este año el presupuesto estatal 2009-10 para el censo es de solo $2 millones.
Esta cantidad es irrisoria y refleja un desinterés oficial de lograr que en los próximos 10 años nuestro estado reciba los fondos que merece por números. La seria crisis financiera ha obligado a tomar decisiones difíciles, pero dedicar menos del 10% de los fondos otorgados hace una década tendrá un largo y costoso perjuicio para el estado.
El impacto de esta falta de recursos se agrava al tomarse en cuenta factores que complican más el conteo del año que viene en relación al del 2000. A nivel federal la organización del censo del 2010 tuvo inconvenientes internos que ya prácticamente anticipan que no será tan preciso como el último realizado. Al mismo tiempo, las dificultades económicas con los embargos de hogares y aumento de desamparados y movilidad causada por el desempleo dificultan más la contabilidad de la población.
Las autoridades estatales han intentado reclutar el esfuerzo privado, a través de fundaciones, para hacer la campaña de información aunque allí tampoco haya los fondos para eso.
Eventualmente es Sacramento quien debe proveer los recursos porque sería uno de los beneficiarios principales de los fondos. En este caso, la inversión adecuada daría sus frutos por 10 años pero la urgencia de hoy está nublando la visión de mañana, por ahorrar los millones del presente se sacrifican los cientos de millones del futuro cercano. Es necesario dar al conteo del censo la importancia que realmente merece.
El resultado del censo nacional del año que viene será utilizado por el gobierno federal para distribuir cerca de $400 mil millones a los estados y localidades, según la población contada. Básicamente, cuanto más gente hay, más dinero se recibe.
Por eso, cada estado y ciudad debería estar interesado en contabilizar a la mayoría de sus residentes y reducir al máximo posible el inevitable subconteo. Es lamentable que el gobierno de California no piense lo mismo, o al menos así parece.
El gobierno federal es quien paga la organización del operativo, mientras que los estados son los que se ocupan de la campaña para promover la participación. Hace 10 años California invirtió $25 millones para hacer que el mensaje de la importancia de hacerse contar llegue a la mayor cantidad de californianos. Este año el presupuesto estatal 2009-10 para el censo es de solo $2 millones.
Esta cantidad es irrisoria y refleja un desinterés oficial de lograr que en los próximos 10 años nuestro estado reciba los fondos que merece por números. La seria crisis financiera ha obligado a tomar decisiones difíciles, pero dedicar menos del 10% de los fondos otorgados hace una década tendrá un largo y costoso perjuicio para el estado.
El impacto de esta falta de recursos se agrava al tomarse en cuenta factores que complican más el conteo del año que viene en relación al del 2000. A nivel federal la organización del censo del 2010 tuvo inconvenientes internos que ya prácticamente anticipan que no será tan preciso como el último realizado. Al mismo tiempo, las dificultades económicas con los embargos de hogares y aumento de desamparados y movilidad causada por el desempleo dificultan más la contabilidad de la población.