Ya son seis los trabajadores del campo que mueren en California desde mayo pasado debido a hipertermia y deshidratación, tras haber trabajado muchas horas bajo un sol inclemente sin el acceso a una adecuada serie de descansos a la sombra ni suficiente agua para beber. La víctima más reciente es María de Jesús Álvarez, una mujer de 63 años, madre de nueve hijos, que falleció el pasado 2 de agosto mientras recogía uvas.
Los trabajadores del campo tienen un riesgo similar al de los bomberos a la hipertermia, pero mueren en cantidades mucho mayores que estos. Quizá sea porque tienen más acceso al agua y medidas de prevención, o quizá porque valoramos más a unas personas que a otras.
La ley es clara: los agricultores deben proporcionar el agua y el entrenamiento necesario a los trabajadores. Deben también tener un lugar de sombra adecuado para que los trabajadores que se sientan enfermos descansen por un período no menor de cinco minutos. Pero las muertes continuas demuestran que estos reglamentos no han sido suficientes para prevenir los desenlaces fatales.
Hay necesidad de un mayor seguimiento, más inspecciones y multas, así como el mandato de más descansos para los trabajadores en condiciones extremas de calor. Qué bueno que recientemente el Departamento de Salud y Seguridad Laboral de California impuso varias multas cuantiosas a contratistas y agricultores, entre ellas una récord de más de 260 mil dólares a un contratista de Merced, por la muerte de María Isabel Vásquez Jiménez, de 17 años, ocurrida en mayo. Pero es mejor prevenir, que cobrar por una vida.







