La Proposición 8 busca cambiar la Constitución de California para garantizar expresamente que el matrimonio debe ser entre un hombre y una mujer. Nos parece una iniciativa innecesaria, que impondría una restricción constitucional a derechos que hoy posee un grupo de californianos cuyo compromiso mutuo ante la ley y la sociedad no representa peligro alguno. La idea detrás de esta iniciativa y el título que sus partidarios quisieron darle fue el de Ley de Protección del Matrimonio en California. El fiscal del estado cambió el título a uno más preciso: "Eliminación del Derecho al Matrimonio de las Parejas Homosexuales".
Ese derecho fue afirmado en mayo por la Suprema Corte de California, al dictaminar que tal prohibición es discriminatoria. Para llegar a esa decisión, los jueces se basaron en un precedente legal que en 1948 determinó que era ilegal prohibir el matrimonio a parejas de diferentes razas.
Es subjetivo afirmar que el matrimonio voluntario entre dos personas adultas es una amenaza para la institución en la que, irónicamente, estas personas luchan por entrar. Las verdaderas amenazas al matrimonio son la falta de comunicación, la infidelidad, el abuso doméstico y las presiones económicas.
El principal impulso detrás de la medida viene de iglesias evangélicas, católicas, mormonas, bautistas, judías ortodoxas y adventistas, con dinero, prédicas, rezos y ayuno, opiniones muy respetables y respetadas. Pero esto no quiere decir que sea aceptable imponer estas creencias a toda la sociedad y, mucho menos, cambiar la Constitución de California.
Estamos con el NO a la Proposición 8.
La Proposición 8 busca cambiar la Constitución de California para garantizar expresamente que el matrimonio debe ser entre un hombre y una mujer. Nos parece una iniciativa innecesaria, que impondría una restricción constitucional a derechos que hoy posee un grupo de californianos cuyo compromiso mutuo ante la ley y la sociedad no representa peligro alguno. La idea detrás de esta iniciativa y el título que sus partidarios quisieron darle fue el de Ley de Protección del Matrimonio en California. El fiscal del estado cambió el título a uno más preciso: "Eliminación del Derecho al Matrimonio de las Parejas Homosexuales".
Ese derecho fue afirmado en mayo por la Suprema Corte de California, al dictaminar que tal prohibición es discriminatoria. Para llegar a esa decisión, los jueces se basaron en un precedente legal que en 1948 determinó que era ilegal prohibir el matrimonio a parejas de diferentes razas.
Es subjetivo afirmar que el matrimonio voluntario entre dos personas adultas es una amenaza para la institución en la que, irónicamente, estas personas luchan por entrar. Las verdaderas amenazas al matrimonio son la falta de comunicación, la infidelidad, el abuso doméstico y las presiones económicas.
El principal impulso detrás de la medida viene de iglesias evangélicas, católicas, mormonas, bautistas, judías ortodoxas y adventistas, con dinero, prédicas, rezos y ayuno, opiniones muy respetables y respetadas. Pero esto no quiere decir que sea aceptable imponer estas creencias a toda la sociedad y, mucho menos, cambiar la Constitución de California.
Estamos con el NO a la Proposición 8.